El gran valor de la humillación

Víctor Chininín Buele

El diccionario simplemente dice que la humillación es la acción y efecto de humillar o humillarse. He ahí nuestro gran problema. La palabra lleva una connotación principalmente negativa en la cultura. Es algo considerado malo. El diccionario usa varios sinónimos para ilustrar el concepto. Entre ellos están afrenta, menoscabo, bochorno, desprecio, degradación. Claramente, el rango semántico de la palabra da para que entre allí la acción negativa de humillar: llega alguien sintiéndose superior a hacer daño, a menoscabar a la otra persona, a despreciarla, a degradarla.

Anoche estaba leyendo el libro de los Hechos, capítulo 2. Tenía dos preguntas en mi cabeza, que no tenían nada que ver con el texto ni con lo que estaba haciendo. Así es la vida. Así es la mente. Y obviamente así es el corazón. Me preguntaba dos preguntas que me rechinaban en la cabeza: Primero, ¿por qué no puedo ser menos como yo y más como Dante Gebel? Y segundo, ¿en realidad he pasado casi toda mi vida sintiéndome superior a una persona específica y expresando en forma y acción un desprecio, una humillación para él?

La pregunta relacionada a Dante merece su propia respuesta algún día. Pero la otra es más crítica.

22 Hombres de Israel, escuchen estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre ustedes con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio de ustedes a través de Él, tal como ustedes mismos saben. 23 Este fue entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, y ustedes lo clavaron en una cruz por manos de impíos y lo mataron. 24 Pero Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que Él quedara bajo el dominio de ella.

Hechos 2:22-24 (NBLA)

Pedro nos predica la verdad acerca de Jesús de Nazaret: Jesús murió en la cruz, clavado a ella por hombres impíos y entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, y no se quedó muerto sino que resucitó.

Pero en esta ocasión me di cuenta de una palabrita allí: Este. Al principio del versículo 23.

¿Qué quiere usted tratar de querer insinuar hoy?

Primero, que es esencial para el cristiano entender que la humillación no es solamente un término “negativo”. El rango semántico de la palabra también ofrece otro tipo de sinónimos: vergüenza, doblegamiento, mortificación. Para una cultura en la que las apariencias son su dios, claramente esto se va a oír más negativo todavía que el entendimiento común que ya se mencionó, de desprecio o degradación.

Y segundo que debemos recordar que el pecado lleva inevitablemente a la humillación.

Las apariencias engañan

Empecemos por ahí. Me llamó la atención el uso de la palabra Este. Si leemos la vida con lo que el mundo llamaría un complejo de inferioridad es muy posible que cuando escuchemos la palabra este para referirse a alguien, pensemos inmediatamente que la persona está refiriéndose al otro en forma despectiva. Pero Pedro está proclamando la verdad de Jesús. Simplemente está usando el pronombre demostrativo en forma singular masculina acusativa en griego. En palabras simples, está mostrando el objeto directo de la oración, o sea que responde a la pregunta ¿quién? Nada más. ¿Quién fue entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios? Este. ¿Quién es este? Jesús el Nazareno.

Para establecer si el corazón de alguien está claramente buscando la humillación de tipo desprecio o degradación, es necesario abrir ese corazón y ver qué tiene adentro. No podemos simplemente asumir el fruto. Tenemos que preguntar, tenemos que indagar.

El pecado lleva inevitablemente a la humillación

Empiezo con el segundo punto porque debemos reconocer que el pecado lleva inevitablemente a la humillación.

Cuando peco, estoy quebrantando la buena y perfecta voluntad revelada de Dios. Es decir, peco sabiendo bien que estoy haciendo el mal. No puedo decir que soy ignorante. Dios puso una conciencia en mí. Dios dio circunstancias que debo explícitamente ignorar o sobrellevar para pecar. Dios me dio un cerebro muy capaz de justificarse y dar excusas.

Cuando peco, estoy trayendo humillación a mi vida.

Solamente hay dos maneras de salir del pecado: o me arrepiento o trato de cubrirlo y esconderlo.

Si me arrepiento, el Este de Hechos 2:23 recibe mi humillación. Toda mi humillación. Jesús cubre mi pecado en la cruz y con Su sangre me libra del santo juicio de Dios por mi pecado. Yo salgo del pecado libre porque Cristo tomó mi lugar. La humillación que era mía la cargó Él en la cruz.

Si no me arrepiento, yo tengo que andar cargado de esta humillación, de esta vergüenza, soy doblegado constantemente a mis rodillas, soy mortificado. Pero no quiero. Quiero estar de pie, fuerte, valiente, luchador, sin dejarme humillar. Eso es el orgullo. Que aunque todo lo que en mi vida se esté desmoronando por mi pecado me lleve a humillarme, no me deje humillar.

Dios promete en Su Palabra que Él resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes (Santiago 4:6, 1 Pedro 5:5, Proverbios 3:34).

Es decir que la única manera que podemos acceder a la libertad de no andar bajo el pecado es la humildad. Y esa humildad se forja por medio del arrepentimiento, por medio de la destrucción del orgullo.

Para salir del pecado, alguien tiene que ser humillado.

La humillación, por tanto, no es un término solamente “negativo”

Ser humillado debe ser la meta del cristiano, en lo que se relaciona al pecado. La humillación es el medio que Dios usa para mortificar el pecado. El pecado debe morir en nosotros, debemos dar la bienvenida completa a la humillación a nuestras vidas. Va a ser feo. Obviamente. Pero si nos tratamos de agarrar de todo tipo de evasión de la admisión de nuestro pecado, jamás vamos a recibir la bendición de la gracia verdadera de Dios que mata nuestro orgullo, nuestro pecado y nuestra rebeldía contra Dios.

La humillación no es fácil. Especialmente para un ser humano que ha vivido toda su vida en una cultura que valora el aparentar antes que el ser, que se preocupa más de las apariencias que de la verdad, que vive o muere figurativamente por el qué dirán, que se endeuda para aparentar, que tiene una imagen pública que contradice su vida privada, que dice lo que todos quieren escuchar en vez de lo que siente.

Debemos sobrellevar eso y dejar de estar esclavizados a la cultura del mundo. Debemos cambiar esa cultura. Pero el cambio empieza con nosotros.

Pero se ve como maldad

Obviamente, en el fragor de la lid, en la confrontación del mal, se puede interpretar que la corrección se vea como un deseo de humillar. Porque lo es. Es verdad, buscar la confesión completa del pecado que agobia a la persona es buscar su humillación. Pero note el objeto directo de Hechos 2:23, es necesario que el Este de Hechos 2:23 cubra ese pecado con Su sangre en Su cruz.

En caso que se haga muy complejo de entender: la confrontación de pecado requiere la humillación del pecador, pero no es la humillación del pecador ante el ser superior que lo confronta. Es la humillación de:

  • avergonzarse del pecado y sus frutos, para
  • doblegar sus rodillas ante Dios con sinceridad de arrepentimiento, que requiere
  • mortificar su pecado en su totalidad antes de que dicho pecado lo mate al pecador y a todos los afectados con el mismo,
  • admitiendo la totalidad y profundidad de la ofensa contra Dios y todos los que recibieron el impacto del pecado,
  • reconociendo que la afrenta que este pecado ha causado es seria y que es una burla del Dios Sapientísimo y Santísimo,
  • que llevó inevitablemente a la deshonra pública del Hijo de Dios quien fue
  • menoscabado pública y violentamente con todo tipo de bochorno e indignidad, desprecio y desdén,
  • degradado hasta lo sumo
  • por la vileza del ser humano impío que en su orgullo no quería aceptar su iniquidad
  • y escogió sujetar al Señor de Señores y Rey de Reyes a la ignominia pública en lugar de aceptarla.

Las palabras en negrita son los sinónimos de la Real Academia Española para la palabra humillación.

Es hora de aceptar que la única manera de ser realmente libres es humillarnos.

Te descalificaste, Sam

Victor Chininin Buele

En mi vida, puedo decir, que no he visto una palabra que sea tan pero tan efectiva en mostrar todos los colores del arcoíris interno del corazón de alguien que esté involucrado o que haya estado involucrado en el ministerio pastoral como lo es la palabra descalificado.

Abro mis ojos en este primer lunes de mayo y veo que alguien cuya literatura y ministerio yo había recomendado en el pasado ya no se encuentra en el ministerio pastoral.

Y la palabra que sale en todos los reportes que están sueltos en el mundo de la Internet usan esta palabrita descalificado.

La descalificación generalmente no ocurre en un instante

Si analizamos el comunicado público acerca de la descalificación vamos a ver que ya estaba descalificado incluso antes de empezar la labor pastoral en esta iglesia.

Si tomamos la naturaleza de los requisitos, si podemos llamarlos así, en 1 Timoteo y Tito, vamos a ver que no son cosas que se llega a poseer de la noche a la mañana ni son cosas que se van a arreglar como por arte de magia.

O uno se es marido de una sola mujer. O no se lo es. No hay espacio aquí para ningún tipo de porneia. Punto.

Nos volvemos “más misericordiosos” que Dios

En este ejemplo, la iglesia no estaba consciente en el momento de su evaluación inicial que este hombre había tenido una relación con otro hombre adulto. Entre 2023 y 2024 cuando se da la investigación inicial había una brecha entre lo que se sabía de esta persona y lo que había en su vida interior. Pero, nos dice el comunicado, que no la consideraron como una descalificación en el momento de evaluar su llamado ministerial una vez que llegaron a conocer esto en el 2024.

Nos dan a entender que estuvieron conscientes de esto y que lo investigaron. Y que lo que les faltó fue un detalle que ahora ven y que pues resulta en esta descalificación que el mismo involucrado acepta y que, por tanto, lo lleva a renunciar.

Por muchos meses, esta persona, sabiendo bien este detalle misterioso que los demás no sabían siguió “sirviendo”. Eso es mentira y engaño. De hecho, el comunicado dice que la conducta de esta persona constituye una seria violación de confianza y que no es un andar consistente con el evangelio.

Pero, es esencial darnos cuenta aquí que se tuvo acceso a esta información para evaluar a esta persona en el ministerio.

Te encargo solemnemente en la presencia de Dios y de Cristo Jesús y de Sus ángeles escogidos, que conserves estos principios sin prejuicios, no haciendo nada con espíritu de parcialidad. No impongas las manos sobre nadie con ligereza, compartiendo así la responsabilidad por los pecados de otros; guárdate libre de pecado.
‭‭1 Timoteo‬ ‭5‬:‭21‬-‭22‬ ‭NBLA‬‬
https://bible.com/bible/103/1ti.5.21-22.NBLA

La advertencia bíblica nos va a chocar. Vamos a querer “mostrar gracia” en el momento de calificar a alguien para el ministerio. Generalmente viene de un corazón que ha sido bendecido por el aspirante. O por un corazón lleno de afecto por él. Pero cuando redefinimos una calificación ministerial por estas razones estamos entrando en el pecado de la parcialidad. E imponer las manos muy aceleradamente muestra un gran problema especialmente en nuestros tiempos en los que el fenómeno de plantación de iglesias lleva al surgimiento de pastores auto-llamados y auto-calificados que no es que alguien se apurô a imponerles las manos sino que se las impusieron a sí mismos. O tenemos parcialidad porque tiene sentido en nuestras mentes y corazones que tengamos el privilegio de servir con alguien que se ha caracterizado por algún tipo de talento especial o de renombre.

Y en este acto de supuesta misericordia en el que sabiendo bien que esta persona tuvo una relación con un hombre, el redefinir marido de una sola mujer lleva a una situación en la que se muestra una vida que no era irreprochable. E inevitablemente acabamos redefiniendo la palabra mentira también.

Calificar es jugar con fuego

Obviamente, salen dos objeciones al centro del tópico: (1) y a usted, ¿quién lo hizo Dios para juzgar rígidamente?, y (2) ¿no somos todos sinceramente pecadores descalificados?

Pues si se está tratando con un autoritarismo que se toma para sí la autoridad de la iglesia local para calificar y evaluar a los pastores que tienen responsabilidad ante el Pastor por ellas, sí se está jugando a ser Dios. Pero eso es diferente al proceso en el que claramente los hermanos y hermanas de la congregación van a ser y deben ser afilados mientras disciernen espiritual y judicialmente si la persona a la que desean llamar al ministerio está calificada o no. Son cosas tangibles y observables las que se nos llama a evaluar.

El papel y la autoridad necesarios le corresponden a la iglesia. Y aquí se erra en que muchas veces el proceso no es congregacional. Quizá por temor al chisme o por la misma parcialidad, se trata a la iglesia como un bebé al que hay que protegerlo de su propia inmadurez. Pero miren que como en este ejemplo, tarde o temprano van a igual tener que enfrentar lo que debieron enfrentar a su tiempo. No hay escapatoria. Dios no tiene y no permite rivales.

Entonces, reconociendo que sí, que efectivamente tenemos un llamado bíblico contra la parcialidad porque vamos a querer ser parciales (sea a favor o sea en contra), es imprescindible que sea en el contexto de la unidad y diversidad de la iglesia local que eso se evalúe. Eso ayuda a luchar contra la parcialidad personal en la que un individuo califica o descalifica y contra la parcialidad de grupos que no son grupos. En organizaciones que se asemejan más a una secta que a una iglesia, existen grupos de ancianos o líderes que no son más que personas que dicen que sí a lo que diga el jefe máximo y así el prejuicio del uno se vuelve el prejuicio del otro.

Finalmente, es verdad que todos somos pecadores. Es verdad que se puede ir por la lista y ver cosas que uno ha hecho en su vida y que constituyen claras violaciones de esta lista. Pero la clave constituye, en pecados que no descalifican “permanentemente”, que la persona evaluada esté caminando en arrepentimiento y dando frutos de arrepentimiento que puedan ser clara y contundentemente evaluados y reevaluados por la congregación.

¿Cómo podemos discernir si alguien se ha arrepentido? 2 de Corintios 7:10 nos da una pauta.

Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte.
‭‭2 Corintios‬ ‭7‬:‭10‬ ‭NBLA‬‬
https://bible.com/bible/103/2co.7.10.NBLA

Chris Brauns en su libro The Way of Repentance: Embracing God’s Gift for a Transformed Life (El camino del arrepentimiento) nos ayuda a ver la necesidad de distinguir entre una tristeza mundana y una tristeza santa. Aquí yo diría que es la diferencia entre estar triste porque te descubrieron o porque en realidad te pesó tanto tu pecado que llegaste a la convicción de que debías pedir perdón y cambiar. Esta es, afirmaría yo, la diferencia entre un corazón suave y un corazón endurecido o entre un corazón creyente y no creyente. Brauns explica la dificultad que conlleva evaluar el arrepentimiento, pero dada su importancia y la de juzgar correctamente y sin hipocresía de fariseo, muestra Prov 12:15, 14:12, 16:2, 21:2, 28:26, 30:12; Jer 17:9; 1 Jn 1:8 para ayudarnos a tener un panorama más claro.

En nuestro deseo de “hacer el bien” e incluso de “no juzgar”, nos volvemos susceptibles a una parcialidad que cree en lágrimas que no son verdaderamente de arrepentimiento y a una parcialidad que es tan rígida que no admite arrepentimiento verdadero.

La autocompasión se parece al arrepentimiento, pero es ensimismamiento, y esa es la esencia del pecado. Podrás comenzar a cambiar cuando veas que no solamente has incumplido la ley de Dios, sino que has herido Su corazón, que lo has deshonrado y le has causado dolor.

Tim Keller, Perdonar: ¿Por qué debería perdonar y cómo lo hago? (Medellín: Poiema Publicaciones, 2024), 192.

Autocompasión es sentir lástima de uno mismo y se puede ver muy bien como arrepentimiento. ¿A quién no le duele que le encuentren la pata con la que cojea? Todos somos capaces de llorar. No todos cambiamos.

Usando 2 Corintios 7:11-13, Brauns concluye que el arrepentimiento lleva a una “productividad solícita” y que esta “solicitud” es la descripción preeminente del arrepentimiento verdadero (123). ¿Qué es la solicitud, un papel que se deja en alguna entidad pública para iniciar un trámite? No. Es ser cuidadoso, diligente, rápido, eficaz, esmerado. Es la diligencia de llevar a cabo el llamado o el compromiso de uno.

Brauns obtiene de la exégesis de este pasaje algunas descripciones del arrepentimiento genuino: mostró rapidez y diligencia de enfrentar la situación, mostró indignación, temor, añoranza, celo, y un castigo justo para el que ofendió. Es decir, “Pablo pudo decir que el arrepentimiento de los corintios es auténtico porque produjo el fruto de la acción, o de la productividad solícita”.

En corto, o nos apuramos para ponernos a bien ante Dios, o nos apuramos a esconder lo que hemos hecho. Pero de que va a haber solicitud, la va a ver.

Y lo que nos dice el texto bíblico es que debemos tener solicitud para hacer el bien y para mantenernos por medio del arrepentimiento calificados para la buena obra del Señor.

Porque miren, ¡qué solicitud ha producido esto en ustedes, esta tristeza piadosa, qué vindicación de ustedes mismos, qué indignación, qué temor, qué gran afecto, qué celo, qué castigo del mal! En todo han demostrado ser inocentes en el asunto. Así que, aunque les escribí, no fue por causa del que ofendió, ni por causa del ofendido, sino para que la solicitud de ustedes por nosotros les fuera manifestada delante de Dios. Por esta razón hemos sido consolados. Y aparte de nuestro consuelo, mucho más nos regocijamos por el gozo de Tito, pues su espíritu ha sido confortado por todos ustedes.
‭‭2 Corintios‬ ‭7‬:‭11‬-‭13‬ ‭NBLA‬‬
https://bible.com/bible/103/2co.7.11-13.NBLA

Dejémonos de andar redefiniendo la Palabra para evitar malos momentos. Los malos momentos igual vendrán después y nos costarán mucho más de lo que iban a costar. Ese es el precio de la parcialidad.

Nota final sobre la identidad de Sam

El ministerio de Sam buscó enseñar a cristianos con atracción por el mismo sexo la importancia del celibato en la búsqueda de Dios. Violentar eso constituye un gran daño a la Iglesia y es una piedra de tropiezo para quienes confiaron en su integridad como motivación para afianzar su caminar cristiano en tiempos de dificultad. Se nos dice que está caminando en arrepentimiento. Sin ser su pastor, lo único que puedo hacer es que así sea y que Dios nos sorprenda con fruto maravilloso. Pero, debemos nuevamente aprender la lección que tanto queremos evitar: Sam es un hombre muy amable y gentil. Eso no tiene mayor peso que el pecado que escondió y con el que vivió mientras “servía”. El problema de la calificación pastoral es que no es unidimensional. Lo abarca todo.

El corazón abierto a reformar su doctrina

Víctor Chininín Buele

Una marca de humildad y mansedumbre en el caminar con Cristo, en el camino angosto de la mortificación a uno mismo, a sus deseos y pecados, es tener un corazón suave, abierto y dispuesto a la reforma constante de todo su ser.

Eso acepta que fundamentalmente y bíblicamente es verdad que mi corazón es engañoso (Jer 17:9). No puedo confiar en corazonadas o impresiones. Y he ahí la necesidad de caminar en el Espíritu, de marchar al compás del Espíritu (Gál 5:25) porque necesito discernir bien (Rom 12:2) y la única manera que voy a poder hacer eso es firmemente anclado en la Palabra revelada de Dios (Heb 4:12).

La marca fundamental de la Reforma es que la iglesia debe ser siempre un cuerpo “en reforma”. Es menos un edificio completado que una casa siempre en proceso de mejoras. Aprendemos que algo que está mal, cambiamos. Sino vamos a ser infieles. Y tarde o temprano nos cae la factura por ello.

Por muchos años yo estuve muy feliz porque pude apreciar la forma y consistencia de cierto enfoque doctrinal. No importaba por dónde yo la veía o cuestionaba a tal doctrina, tenía una respuesta. Y mientras más veía su consistencia, en la práctica más llegué a convencerme de que era el marco referencial más coherente de todas las ideas que existen en el mundo.

Hasta que no lo fue.

Y sufrí mucho queriendo aferrarme a esas ideas. No estaba dispuesto a escuchar lo que la Palabra decía en lugares que parecían “contradecir” las ideas que tanto había llegado a apreciar.

Y ahí entendí que la Palabra en verdad está por encima de cualquier sistema que nosotros como humanos pensemos que explica bien la enseñanza bíblica.

Cuando nos mostremos como personas inflexibles para cambiar nuestra doctrina, tenemos que tener mucho cuidado porque esos momentos muestran cuán abierto está en realidad nuestro corazón a la verdad. Esto es muchísimo más importante si recién hemos cambiado de postura en algo. Somos humanos y tendemos a ser como un péndulo y a reaccionar de manera exagerada.

Uno debe recordar que en muchos de los casos, la Palabra nos da las dos caras de la moneda y no solo uno y eso debe desafiarnos.

Veamos un ejemplo histórico y contemporáneo.

Hay un grupo de hermanos que afirman que el ser humano es fundamentalmente depravado. Aseveran que no es capaz de tomar la decisión de seguir a Cristo sin que Dios obre en su corazón por medio de la predicación audible del evangelio de parte de alguien. Hay otro grupo de hermanos que afirman que el ser humano tiene la capacidad de escoger seguir a Cristo, y aunque no dicen esto explícitamente, sin que Dios cambie primero el corazón o sin que se predique audiblemente, en verdad no sería completamente necesario porque la persona teoréticamente buena podría en teoría encontrar el mensaje del evangelio.

Son dos maneras opuestas de ver todo. Y eso significa que tienen implicaciones prácticas.

Si una persona se sincera podrá ver que hay partes en esa descripción que se pueden justificar con la Palabra, que hay partes que no se pueden afirmar bíblicamente, que hay emociones muy profundas en medio de todo, que el orgullo se puede meter, que se pueden justificar incluso emociones cuyo propósito es evadir aceptar la otra postura aunque tenga fundamento bíblico.

He caminado por muchos años esa tensión, afirmando lo que es bíblico en un lado del argumento y mostrando lo que no lo es.

Por ejemplo, se me hace imposible aceptar que el ser humano sea fundamentalmente bueno. No solo tenemos el desafío de Jeremías 17:9 que describe al corazón de manera contraria a esta idea, sino que Pablo utiliza los tres primeros capítulos de la carta de Romanos, particularmente el capítulo 3 para establecer el efecto del pecado en toda la humanidad. Se me dificulta ver que una persona no quiera sujetarse a la claridad de estos pasajes mencionados.

El chiste es que formalmente este grupo de hermanos no puede afirmar que el ser humano sea bueno. Va a decir que Dios creó al hombre y dijo que esta creación (Adán y Eva) era muy buena. Pero tal argumento no considera los efectos del pecado desde la caída del hombre en Génesis 3. Va a decir que la oferta de Dios en Juan 3:16 o la expresión de la voluntad de Dios en la salvación de toda persona en 1 Tim 2:3-6 imposibilitan pensar que el ser humano sea depravado. Pero mire que no es un argumento explícito, es implícito, derivativo.

Y ahí viene el dilema. Es imprescindible que alguien del primer grupo recuerde que debe considerar las implicaciones de Juan 3:26 y 1 Timoteo 2:3-6 en su teología de la naturaleza del ser humano. Tiene que estar dispuesto a reformar su práctica y hasta su doctrina para incluir toda la revelación de Dios. Si el otro grupo no considera las implicaciones de Jeremías 17:9, Génesis 3 y Romanos 1-3 en su teología, va a errar. Va a distorsionar lo que es el pecado y eso va a tergiversar el arrepentimiento.

Ahora vemos que los dos lados de este ejemplo tienen delante de ellos decisiones que van a tergiversar el evangelio y la práctica en la vida cristiana. Tenemos que estar abiertos a reformar nuestra doctrina y nuestra práctica.

Dios nos ayude con humildad y sabiduría. Dios nos permita obedecer aquel mandamiento bíblico de no dejarnos engañar. Nuestros propios corazones van a querer que nos dejemos engañar y nos van a engañar. Y ahí sí se nos va el carro y sin frenos. Dios nos ayude.

Lo bonito de la misericordia de Dios en este ejemplo es que muchos están en Cristo pero por lo que RC Sproul llama una inconsistencia feliz. Si una persona del grupo que cree que el hombre puede decidir seguir a Cristo, no lleva ese argumento a su culminación lógica, pues va a estar en Cristo. Pero como Cristo no tiene rivales, esto tiene que llegar a resolverse. No puede quedarse ahí porque si se llega a realmente afirmar lo que eso implica, se puede acabar en un universalismo anti-bíblico. Es posible al decir que todos son buenos que no se reconozca la necesidad de la obra de Cristo. Es posible llegar a decir que todos se salvarán. Es posible llegar a minimizar la revelación escrita de Dios. Y todo eso, ¿por qué? Por la falta de voluntad para reformar nuestra visión de la Palabra.