Catecismo 2020 – Colosenses

Victor Chininin Buele

Al encontrarse la iglesia dispersa por motivo de prevención de salud pública debido al Coronavirus, utilizo esta página para apuntar a las diferentes sesiones del Catecismo 2020 en YouTube.

La idea es leer y amar la Palabra de Dios para entender nuestro mundo a través de Dios.

Parte 1: Colosenses 1:1-3:  https://youtu.be/qrWYTGYCa58
Parte 2: Colosenses 1:3-9:  https://youtu.be/94IFdw0Pytk
Parte 3: Colosenses 1:9-14:  https://youtu.be/_L990kFe8sE
Parte 4: Colosenses 1:15: https://youtu.be/2JRn1TEY-CU
Parte 5: Colosenses 1:16-20: https://youtu.be/mJ7AJv_lbd8
Parte 6: Colosenses 1:21-23: https://youtu.be/Iq3aF4YDBO4
Parte 7: Colosenses 1:24-29: https://youtu.be/RCBcp-5np7Y
Parte 8: Colosenses 2:1-3: https://youtu.be/j91gq7AH1Xs

La Tortilla del Salmo 91

Victor Chininin Buele

Hay momentos que revelan nuestra fe y al revelarla clarifican la definición de la fe de nuestra generación. Nuestra fe colectiva es una fe muy profunda en nosotros mismos.  Es el fruto de la autoestima que estuvo cerca de la raíz de nuestra educación. Juntos podemos decimos todos. Yo estoy en control. Yo puedo contra esto. Si nos lavamos las manos, si no salimos, si compramos mascarillas, si compramos papel higiénico en abundancia (por una razón que parece que se nos escapa a todos), si agotamos los recursos disponibles en el super y lleno mi casa de atunes y arroz, entonces no nos llegará el Coronavirus. O si nos llega sobreviviremos.

Al inicio de nuestro encuentro con el Coronavirus, el gobierno de la república puso una mesita en el aeropuerto con un mantelito y un doctor con mascarilla.  Nada más.  Tomamos foto de eso y fue el origen de los memes “Nos fallaste flaco” una vez que ingresó el coronavirus al territorio nacional. Vamos de la falta completa de atención a esta materia (como aquella mesita en el aeropuerto Mariscal Sucre) a un pánico, vamos de 0 a 160 km/h en pocos segundos. Pero el pánico deja nuestros corazones al descubierto.

Y puede que los cristianos leamos esto diciendo, “pero yo confío en Dios”. Y resulta que hacemos lo mismo.  Somos creyentes grandes del evangelio de la prosperidad. Aunque lo rechacemos formalmente y aquellos mercaderes de evangelios falsos nos hagan dar náusea, dentro de nosotros reaccionamos de la misma manera–quiero la oración que haga que este virus no entre a mi casa, quiero la solución que mantenga a mi familia con salud y seguridad, quiero la garantía de que no voy a perder mi trabajo, quiero una fe que me garantice que no me llegará el Coronavirus.

Y entonces entra esta fe en nosotros mismos y se disfraza de cristianismo.

He visto mucho el Salmo 91 en estos días, especialmente los versículos 9 y 10. Nos dan cierta confianza y pueden fácilmente calmar nuestro deseo de encontrar confianza en nosotros mismos:

Porque has puesto al Señorque es mi refugio,
Al Altísimo, por tu habitación.
No te sucederá ningún mal,
Ni plaga se acercará a tu morada. (Salmo 91:9-10)

Cuando hacemos una tortilla, nos aseguramos de aplanarla bien–los huevos, la salchicha, las verduras, lo que sea que le pongamos. La hacemos bien planita.  Muchas veces hacemos eso con la Palabra de Dios y nos encontramos en lugares que demuestran que nuestra fe está en nosotros mismos y no en Dios.

Decimos–porque el Salmo 91 dice esto, entonces si yo pongo al Señor como mi refugio y mi habitación, entonces el Coronavirus no entrará a mi casa. Y en ese momento rendimos nuestra fe al altar idólatra de nuestras propias obras, de nuestra fe en nosotros mismos, de nuestra confianza en nosotros mismos.  En vez de apurarnos a comprar mascarillas nos jactamos que porque tenemos a Dios como nuestro refugio, entonces, el Coronavirus no nos llegará.

Cuando aplastamos nuestra fe como una tortilla no damos espacio para que toda la Palabra tenga su lugar correcto en nuestros pensamientos y nuestra fe. No damos espacio para que al justo Job le pase gran desgracia y enfermedad. No damos espacio para los sufrimientos de los salmistas. No damos lugar para que Pablo le pida al Señor en agonía que le quite la espina que tenía en su carne (no sabemos qué dolencia sería). No damos lugar para el rol del sufrimiento en nuestra santificación. Por medio del sufrimiento nos volvemos más como Cristo. Esta promesa y realidad también está en la Palabra.

Pero es que nos suena tan bonito decir, “Si me porto bien y hago lo que se supone que los cristianos deban hacer, entonces no me dará el Coronavirus”. Porque entonces todo está en mis manos, en mi compra de artículos de aseo personal, en la distancia que guardo de las personas, en la intensidad de mis oraciones, etc. Porque si resulta que en mis viajes para proveer a mi familia de la provisión que Dios nos da me he agarrado semejante compañero de viaje del Coronavirus, entonces ¿qué se diría de mí? ¿Que mi fe no es lo suficientemente fuerte para que el Coronavirus no entre en mi casa? ¿Que no he hecho morada permanente en el Señor? Tenemos que cuidarnos de hacer una tortilla del pobre salmo 91 porque las dos cosas son ciertas–Jehová debe ser nuestra morada permanente y en Él, ninguna peste nos alejará de Él por la eternidad, eso es consistente con Romanos 8 por ejemplo. Entonces, venga o no venga la peste, debemos amarnos los unos a los otros, cuidar de los más vulnerables, predicar el evangelio porque no hay mejor momento para explorar la verdad de la cruz y resurrección de Cristo que cuando nuestra mortalidad parece estar muy cerca.

Lo que no podemos hacer jamás es confiar en nosotros mismos.

El diablo le citó el salmo 91 a Jesús para que Él se aleje de la relación perfecta con Su Padre, para que desobedezca al Padre, para que de una vez por todas nos deje sin posibilidad de salvación. Cuidémonos de utilizar a la preciosa Palabra como una muleta para ayudarnos a caminar por nosotros mismos, con nuestro propio esfuerzo, diciendo que estamos en Cristo pero viviendo alejados de Él.

Solamente la fe. No lo que yo haga o pueda hacer.

Que Dios los proteja en estos tiempos difíciles y no dejemos de orar.

La Luz

Victor Chininin Buele

Ayer vi a mis hijas jugar con una de mis primas. Su nombre es Luz. Supongo que su nombre con intención honra a mi abuelita Luz. Y verla en casa de mi abuelita Luz corriendo y haciendo todas las cosas que hace un niño delante de aquel pesebre que por tantos años ha estado en la misma esquina de la sala desde más antes de mi niñez, me llevó a pensar acerca de cuantas veces la luz está tan cerca y tan brillante y andamos con los ojos vendados, o peor aun, cerrados por nuestra propia voluntad. Verlas corren me hizo pensar como aquel carpintero de Belén debió haber estado preocupado que el pequeño Jesús no acabe con clavos en sus pies o que no se ensucie con las heces de los animales que pasaban por las calles polvorientas de aquel entonces o que no termine con mucho aserrín en la cabeza antes de ir a comer.

La ciudad se llena de luces.  Hace ya buen tiempo que no he estado en Loja por Navidad. He pasado muchas más navidades en Kansas City que en Loja. Y en realidad he llegado a extrañar el frío y el pronóstico del clima tan anhelado que diga que haya unos dos centímetros de nieve: lo suficiente para una foto bonita y para que se vea todo bonito afuera pero no tanta nieve como para quedarnos atrapados dentro de la casa sin poder salir. He llegado a extrañar tantas cosas que una vez fueron extrañas para mí.

He estado preparando la prédica del día domingo.  Entonces he estado estudiando Isaías 60. Es un sermón que lo he tenido pendiente por muchos años. Las imágenes que el Señor nos da en ese precioso capítulo han cautivado mi imaginación por mucho tiempo. Y al ver esas palabras tan hermosas—levántate y resplandece—uno no puede quedarse callado o sin compartir el asombro.

¿Cuánto más bella fuera Loja si en verdad resplandeciera con la luz de Cristo, la luz de su glorioso evangelio?

Decimos que queremos la luz pero solamente nos gusta para las fotos que vamos a poner en las redes sociales.  Cuando penetra en nuestra oscuridad, córremos a escondernos.  No queremos ser expuestos. Nos tapamos con lo que sea. No queremos que la luz nos muestre nuestra debilidad verdadera—la oscuridad de nuestra depresión, la profundidad de nuestra ira, nuestra adoración de lo que queremos y nos gusta pero sabemos que nos está matando, nuestros secretos y engaños, nuestros rencores e insatisfacciones.  Nuestros pecados.

Y nos llenamos de palabras supuestamente bonitas y sabias para callar nuestra conciencia—la Navidad es acerca de la familia, el espíritu de la Navidad es compartir, la Navidad “no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente”, la Navidad es valorar la generosidad.

Fui al Teatro Bolívar a ver una obra de teatro que me entristeció y al mismo tiempo me dio gran esperanza.

Aquella obra de teatro me mostró el corazón de mi ciudad—queremos una Navidad bonita, llena de luces y pavo, regalos y sonrisas, que una a la familia, que nos dé cierto calor en nuestro vacío y triste corazón pero, por favor, sin Cristo.

Por generaciones nuestra sociedad lo minimizó volviéndolo un juguete al que le ponían vestidos suntuosos y lo llevaban a la misa obligatoria. Pero ahora ha sido minimizado aun mucho más—ya ni lo mencionamos. En el Mall de Don Daniel escuchaba a una madre amenazar a su hijo con la ira de Santa Claus si no dejaba de colgarse de ese estante en el almacén. Antes nos decían que el Niñito nos traía las cosas. Ahora somos más avanzados—sabemos que Santa y el Mall vienen de la mano. Y esa obra de teatro expuso esto. Queremos una Navidad sin Cristo. Es lo que el pueblo pide y a lo que le dio una gran ovación antes de que las luces se apagasen.

Me entristece esto porque la luz resplandece y nos tapamos los ojos y nos escondemos de ella.

Pero me da gran esperanza porque en Cristo, cuando llega la salvación, nos unimos a una familia mucho más gigantesca que la familia más grande de Loja (Marcos 10:29-31), compartimos en realidad de un corazón que es generoso porque recibió gracia infinita, inmerecida y gratuita del Señor Jesucristo (2 Cor 8:9).  La Navidad es recordar un momento que pasó en la historia real, en una ciudad real de este mundo, el nacimiento del Salvador (Lucas 2:1-7). Es decir, que anhelamos lo que solamente Cristo nos puede dar. Y eso es buenas noticias.

La luz está brillando. La pregunta es simple: Si usted está con los ojos abiertos en esta oscuridad y ya se da cuenta que está en un cuarto oscuro y sin salida, ¿está lista para seguir al Espíritu Santo a la luz? Es hora de prender el foco.

“Pero, ¿qué dice? «CERCA DE TI ESTÁ LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZÓN », es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.” (‭‭Romanos‬ ‭10:8-10‬ ‭NBLA)‬‬

Si usted está con los ojos cerrados, ábralos. Se dará cuenta que es verdad que la oscuridad cubre todo lo que ve—hay dolor, sufrimiento, pena, destrucción, enfermedad, devastación, corrupción, engaño, mentira, adicciones, pérdidas cuantiosas. Pero cuando reconozca que está en la oscuridad podrá ver la luz. Y Cristo se deleita en hacer el milagro de hacer la luz:

“Y si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos de ustedes por amor de Jesús. Pues Dios, que dijo: «De las tinieblas resplandecerá la luz», es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros.” (‭‭2 Corintios‬ ‭4:3-7‬ ‭NBLA‬‬)

Feliz Navidad a ustedes.  Y voy a orar por una Loja verdaderamente unida, resplandeciendo en Cristo Jesús.

Stepping Out of Spiritual Abuse

Victor and Angela Chininin Buele

We have walked a hard road for the past eighteen months.  It has been a somewhat lonely road, but not entirely lonely.  God has provided grace and has been faithful to us–He has fulfilled His promise to never leave us nor forsake us.

We have been involved in a case of spiritual abuse and are able to break free of the chains, in part by breaking our silence now.

Our purpose in sharing this is to walk in repentance to call to repentance. It is not to gossip or to elicit anger. We want to see beauty from this ashes from the hand of a Savior who knows what it is like to fall into the ground and die to bear much fruit.

We want to be part of healing for those who have been similarly abused and continue to point abusers to repentance and abundant life with Christ.

We want to be able to walk in freedom and without shame. We want to walk without chains of silence imposed by others. We want to walk without fear. We want to be able to speak with authority to share the good news of the gospel of Jesus Christ to a lost and dying world. We cannot afford any more distraction or delay from this, and it is for that reason that we share this.

There are many problems at hand, but in order to move forward we are sharing our story separately. This does not mean that there is a disagreement between ourselves or that we do not stand together. It is very important that each of us expresses his and her witness in his and her own voice.

Angela’s Testimony: Angela’s Account
Victor’s Testimony: Bringing Light In

In the testimonies, there will be references to additional documentation. We have redacted personal information from these.
Charges Document to the Denomination — this is the document that was filed in March 2018 with the denomination to address this situation.
Mediator of Just Cause’s Determination — this is the document where the charges were found to be irrelevant.
Digital Conversation–October 2018 — this is how the pastors spoke about Angela among themselves.
The Slander Document — this document was provided by the senior pastor for Angela’s instruction on the subject of slander. Since we address the subject of slander in our testimony, it is important to contrast what we have presented with this document.

Seeing Through Shame

Victor Chininin Buele

I’ve spent a lot of time in an analytic mode lately–reading the Word, reading about failure, forgiveness, words, civility, abuse, polity. Trying to digest some of these big ideas is not easy because at times you can get disconnected from the metanarrative that connects it all–the gospel.

Failure only exists because sin entered the world, and we fall short of God’s glory.  The use of our words is only compromised because our first parents fell prey to the sinful misuse of words to deceive and alter the truth. Forgiveness takes us to the fundamental question–I have been forgiven much, will I forgive as Christ has forgiven me? Civility is a struggle because not being civil always seems right to us in this side of eternity–it’s our default setting, so to speak. Abuse is a serious problem that destroys relationships and trust. Polity can be broken in a world of broken promises and self-preservation. And all of these problems are easier to see without than within. We need help.

One of the things I am seeing is how shame is integrally connected to all of this. Shame appears in some of the most unsuspected places, but it is there, driving our actions. I learned that the Thai word for being shamed means “to tear one’s face off so they appear ugly before their friends and community.” And that in Zimbabwe, it means “to stomp or wipe your feet on my name.”

Consider how avoiding or covering up failure can be driven by shame. Failure is inescapable since we are finite creatures with limited knowledge and compromised wisdom. We are going to fail. When college students ask me about career advice, I often tell them, “You will always hear ‘No!’ It matters greatly what happens after ‘No.'” We will face failure–we are not good enough, we are not smart enough, we don’t anticipate every eventuality, we cannot possibly ever buy sufficient insurance against risk.  Rich or poor, smart or not so smart, sophisticated or careless, we will all fail.  And we fear failure and will try to do whatever is necessary to avoid it. A door opens to shame people to prevent failure or to prevent failure from getting out. We can end up building cultures of failure avoidance and/or of failure cover-up that are in reality cultures of shame. We can live in them for years and not even blink an eye.

Consider how forgiveness gets entangled with shame. The call to forgive is impossible for a human being this side of eternity.  Forgiveness is not our default setting at all.  We need to look to Christ, we need to be forgiven by Christ. Look at the now famous speech by Greta Thunberg (and I wonder how long it will be until everyone forgets about it). It is a deeply religious call to overcome what amounts to sin from her secular context: the unpardonable sin of ignoring climate change and not doing anything about it. She utters god-like judgment towards those who refuse to repent–“We will never forgive you. We will not let you get away with this.” Because forgiveness is tied to exposure, shame can creep in unnoticed.  Greta needed to make her definition of sin known before she could ask us to repent of it.  And here is where things get tricky–what if I don’t see it? Or worse, what if I say that I don’t see it but I truly do and am too ashamed to admit it? That’s one way that shame gets in. We could shame the other person by labeling her all sorts of things so that she can just stop talking and reminding us of the true weight of what we’ve done.  But shame can also get in during the exposure. We can avail ourselves of all sorts of dark tools of rhetoric and belittling and shaming to force a confession that condemns the other and vindicates us, so to speak. The Christ says we must forgive and forgive infinitely many, many more times than we think we are supposed to forgive. The Christ never shamed anyone while convicting him of sin.  Jesus Christ spoke hard words of judgment that were never separated from words of redemption.  And that we must imitate.  No shaming of our neighbor.

Consider how our words can get venom attached to them because of shame, even these words I write are affected by shame one way or another.  Being made in the image of God, we are storytellers, that is truly a marker of the hand of the Almighty Creator in us. And we can use our stories to glorify Him or to shame others, to build narratives to keep people where we want them or need them to be.  Shame works quite well to accomplish that. We know things about them. We make things up about them. We reconstruct reality. Gossip is serious–the sharing of things about somebody from a bad heart, with ill intent.  Slander is poison–the sharing of false reports, of lies, about somebody.  Labeling is dangerous–the quick overgeneralization of a person’s traits into one label–heretic, unbeliever, weak, coward, abuser. And it is possible to be passive-aggressive about this all. Let the one who is without sin cast the first stone. Go ahead. We can pause. And yet, we are not to remain there. We all fall short. Have we not been guilty of gossip, slander, labeling, passive-aggresive sinful behavior? There would be no gospel if Christ would just leave us there. Our words matter, and our definitions cannot be defined from shaming or by using shaming.

Consider how civility is affected when we are unable to speak because we’ve been shamed into not saying anything about something or when we know we are going to fulfill some narrative already crafted about us.  Civil and meaningful dialog cannot happen when the very first thing we fear is reports of us that say, “You see! You are a slanderer!” That comes from shame and produces shame.  Christ never shamed anyone even when they fulfilled the prophecy.  Let’s look at our beloved and unfaithful Peter.  He was so brave and courageous–I will never fail you, Lord! Jesus told him he would deny him three times.  Peter said, “No way, José” But he did.  Three times.  And not to some big authority or under duress but in the shadows of a mock trial and to people whose names history has erased. Christ does not come to him later and say, “You see, you are a betrayer. You did exactly what I said you would do.” There was no crowd preparation for the people to look at Peter and say, “Yes, it’s true. Look at how this is happening exactly according to the filth in this man.” Christ asked Peter to feed his lambs, and that is us, folks. Three times. Once for every time he denied the Lord. There is redemption, no shame, in the gospel.

Consider how abuse thrives in shame.  And how abuse is perpetrated by shame and through shame.  Abuse needs shame to exist.  It becomes a vicious cycle: the abused is shamed into never saying anything about it, even to those with the right standing or position or ability to do something about it, even to someone they trust and open up to to help them see what may be wrong in a situation.  Shame breeds shame.  The cycle has to be broken.  And only Christ, who never abused but was abused by sinful men, can bring redemption in that darkness and redemption from that darkness.  And light instead of shame. Neither abuser nor the abused are powerless to be freed once and for all from the chains of abuse.

Consider how polity is affected by shame. This is an unpopular word these days, but it refers to the way things run.  Everything has a polity.  There are rules we set out, procedures, ways of running things, routines we can go to when we are in trouble.  Have you seen the emergency plans that are displayed in the break room at your work? That’s polity.  You never read it and hardly ever pay any attention to it (unless you are so desperately bored and alone and your phone died and there is no WiFi anywhere and you have to make it until 5 o’clock somehow so that you stand there and mindlessly read it), but it’s there so that when that tornado watch comes, you know where to go by following the steps.  Polity is not Scripture, but it can be helpful and authoritative so long as it is rooted in the Word.  But because it is not Scripture, it can get infected by shame. We write procedures to handle the things that shame us. We shame people by the procedures. But Christ has a way to fix that, too.  If we are open to hear the errors of our ways even from those we think are our intellectual and spiritual inferiors.

A dear sister in the Lord and I were talking about the difficulty of certain questions in the Christian life.  We can give answers for them when they are theoretical questions without much hesitation. “This is what I would do…” But when the questions become real because we are in the middle of the thing we thought was only theoretical, things all of a sudden get really murky and complicated.  She wisely suggested that the reason that is comes from the fact that we stop trusting and believing that God’s hand is in the thing that is happening to us.  We don’t really believe in a sovereign God.  Now we find all sorts of qualifiers, buts, howevers, nuances, exceptions, and cries for mercy. Many times the answer is really the simple answer we gave when the troubles were away.

Failure is real, and we can get through it in Christ without shame and without shaming others. Forgiveness is possible through the cross of Christ who bore all my shame at the hand of sinful, slanderous people.  My words can and are being made more like Christ’s day by day as he makes me more and more like him every day, one degree of glory to the next. I’m seeing ways in which I have failed to be civil by both allowing others to shame me and by shaming others–sin is that deep, but repentance can restore civility. Abuse dies when Christ takes over shame, when repentance takes over shaming. Polity indeed shows us the way out of a tornado watch when we are willing to proofread it according to The Standard. Shame dies when light comes.

One of the things that has been impressed the most in my mind and my heart is this: “My resistance to vulnerability is feeding my deepest shame (J. R. Briggs, Fail)” I have a choice daily–what am I going to feed? Will I feed my deepest shame by not being vulnerable and sitting in a corner ashamed? Or will I feed my love and passion for Jesus Christ by being vulnerable to those he has brought into my life to walk with me? What will you feed? More shame?

A Cumplir la Promesa

Victor Chininin Buele

Esta mañana por medio de la tecnología escuché al sacerdote dar su homilía en la misa que se efectuó en el parque de Catamayo como que yo estuviera allí.  El sacerdote preguntó a las personas que se habían congregado antes de comenzar la caminata de 30 y pico de kilómetros a Loja: ¿De qué nos sirve caminar más de 30 kilómetros si no queremos dejar el pecado? Me pareció una pregunta muy importante y acertada.

Pero después el sacerdote empezó a describir a Jesucristo como un ser muy exigente. Y eso me trajo recuerdos de aquellos maestros en la escuela o en el colegio a quienes nosotros llamabamos exigentes. Y pensé: “Así no es Jesucristo”. Me hice esta pregunta: ¿Qué aprendemos de nuestro ser colectivo como lojanos y como seres humanos al ver dos cosas: (1) que muchisíma gente (yo vi 50 mil en algún periódico) vaya a cumplir la promesa realizada a Mamita Virgen y (2) que pensemos que Jesucristo es exigente?

La Promesa

¿Por qué los lojanos hacemos promesas a la Mamita Virgen? Cuando estamos en aquellos instantes en los cuales ya no hay escapatoria–la muerte está cerca, el examen empieza en dos minutos, la farsa que hemos creado se empieza a desplomar, el trabajo se pierde, los hijos se pierden, la casa se cae, la plata se acaba, la mujer me deja–en esos momentos empezamos a hacer las promesas.

Mamita Virgen, si me das <inserte su petición aquí>, yo <inserte su promesa aquí>.

Y es lo mismo que decimos con nuestra frase popular “Dios le pague”. Nosotros estamos diciendo de que para hacer algo, Dios necesita ponerse en deuda nuestra.  Para que Dios actúe nosotros debemos hacer algo. Caminaré 35 km o 72 km (dependiendo de donde se empiece el recorrido) hasta de rodillas si me das <inserte su promesa aquí> o si no permites que me pase <inserte su temor aquí>. Estamos diciendo que no entendemos el concepto de la gracia.  La gracia es algo desconocido para nosotros.  No tiene lugar en nuestro vocabulario.  No tiene lugar en nuestra vida. ¿Ve lo que le digo? En vez de decir gracias decimos “Dios le pague”, es decir, estamos diciendo que lo que se ha hecho por nosotros amerita que Dios de un pago a la otra persona por haberlo hecho. Dios se vuelve pequeño y nosotros nos volvemos grandotes.

La esencia de la promesa es nuestra necesidad innata de tener control sobre nuestras vidas. Cuando todo se cae y perdemos el control, corremos a algo que nos pueda dar alguna sensación de control. Ya todo se va a mejorar porque hice la promesa y la Churonita es bien milagrosa. Me lo va a hacer porque yo voy a caminar, o voy a dejar de fumar, o voy a dejar de tomar, o voy a dejar de acostarme con esa persona que no es mi cónyuge.  Me lo va a hacer porque soy buena persona.

Cuando hacemos la promesa decimos fuerte y claramente que (1) Dios no es Dios, (2) nosotros somos Dios, (3) tenemos el control de nuestras circunstancias si hacemos el bien.

Oramos, “Dios te salve, María, llena eres de gracia” y no sabemos lo que decimos. Y lo decimos con fe. Eso es indudable.

Jesucristo es exigente

Se nos olvida porque como es simplemente el bebito en el brazo de la Churonita que Jesús es el Rey de Reyes y Señor de Señores, Dios encarnado, segunda persona de la Trinidad, Todopoderoso y compasivo, lleno de gracia. El mensaje implícito en el señorío de la Señora de El Cisne, coronada y adornada en majestad ante nuestros ojos, es que Jesucristo es menor.  Seamos honestos, en nuestra fe popular, ¿cuántas veces en realidad pensamos en Jesucristo?

Cuando el sacerdote dijo que Jesucristo era exigente y que demandaba todo nuestro corazón, me recordó eso de mis tiempos cuando no podía contener mis necesidades biológicas en la escuela y me metía en graves problemas por eso.  Recordé el miedo, el temor. No podía controlar esas necesidades y me ganaban. Temía a la exigencia de las personas que me iban a reprender por ello, pero nadie me ayudaba a cambiar.

Cuando vemos a Jesucristo de esa manera cerramos la posibilidad de ver el camino al cambio verdadero, al cambio duradero. Cerramos la puerta a la gracia.

Oramos, “Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús” y no sabemos lo que decimos.

La Promesa del Evangelio

Lucas 1:72-73: “Para mostrar misericordia a nuestros padres, y para recordar Su santo pacto, el juramento que hizo a nuestro padre Abraham”.

Hechos 2:33: “Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyen”.

Romanos 4:20-21: “Sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo”.

¡Resulta que es al revés!

La gracia es lo contrario de lo que pensamos.  No merecemos semejante promesa de Dios pero es un regalo inmerecido, de pura generosidad, misericordia y gracia. La promesa de Dios no falla, Zacarías profetiza en Lucas 1 de que la razón por la cual su hijo Juan vendría al mundo era parte del cumplimiento de la promesa del Padre de enviar a Jesucristo al mundo para terminar de una vez para siempre con nuestros pecados y darnos salvación, darnos descanso, darnos paz. Dios no olvida su promesa. Y su promesa is infallable.  Se ha cumplido y se cumplirá.

Esta promesa no depende en lo que nosotros hagamos o no hagamos, lo que querramos hacer o lo que no querramos hacer sino que depende en la exaltación del Hijo de Dios, resucitado y sentado a la derecha del Padre  en este momento.  Esta promesa se puede recibir hoy por medio del Gran Consolador, el Espíritu Santo que da vida nueva al muerto. Y en nuestros pecados, todos estamos muertos.

Pablo en Romanos nos muestra la fe de Abraham que no titubeó en confiar en la promesa de Dios, quien es poderoso y capaz de cumplirla. Nadie es más grande que Él.  Nadie más puede cumplir todas sus promesas sin fallar.

Nuestras promesas fallan.  Algún día no podrán caminar de Catamayo a Loja, y ¿qué pasará? Algún día se olvidarán de hacer lo que dijeron que iban a hacer. Algún día la tentación les ganará. ¿Y qué pasará entonces? ¿La furia de un ser exigente? ¿Su venganza?

Vamos

Vamos al Padre. Vamos a Jesucristo, nuestro Salvador verdadero. Solamente en Él podemos descansar. La fe en Jesucristo no requiere caminar 30 km para que alguien sane. O seguir caminando por toda una vida para que siga sano. Necesitamos la profundidad del amor y la sabiduría de Dios en nuestras vidas. Necesitamos aquel milagro en nuestra vida–de que el Señor cambie nuestros corazones y nos de vida eterna para que en lugar de salir a cumplir la promesa y agotarnos tratando de cumplirla por siempre, salgamos en fe a proclamar las excelencias de Aquél que nos dio descanso verdadero, paz duradera, amor mejor que incondicional y satisfacción eterna.

Jesucristo cumplió todo a cabalidad para que pueda darnos por gracia su mano con agujeros de aquellos clavos de nuestra cruz.  Y la libertad que nos da no viene con cadenas o con el requerimiento exigente de hacer y hacer y hacer y hacer para demostrar que somos buenos. Viene con la humildad de reconocer la profundidad de nuestro pecado y de la maldad de nuestro ser alejado de Jesucristo. Puede tener paz verdadera sin tener que ir a cumplir la promesa.  La promesa se ha cumplido.  Cristo vino al mundo a salvarlo.

“Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos de ustedes por amor de Jesús. Pues Dios, que dijo: “De las tinieblas resplandecerá la luz,” es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo.  Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:5-9).

Es diferente. Lo contrario de lo que nuestra creencia popular determina.

Que Dios hoy haga la luz en su corazón y respandezca en usted mostrándole el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo.  Que este milagro verdadero se de en su vida hoy.

Para que nos quede claro

¿Qué es el evangelio? Jesús es Dios.  Jesús se volvió hombre, nacido de una virgen. Jesús es el hijo de Dios sin pecado, quien no necesita un salvador como nosotros o como su madre María (Ella misma dijo: Dios mi salvador).  Nosotros necesitamos salvación.  Jesús no. Jesucristo es el camino, no un camino. Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, no solamente una manera de ser salvo sino la única manera de ser salvo. Y la fuente de esta salvación no son nuestras obras ni nuestras promesas sino Dios.  Jesucristo es el Cordero de Dios. Él se sacrificó en nuestro lugar–nosotros pecamos, Él no; Él fue crucificado, nosotros no. Él murió en esa cruz en el Calvario y resucitó de entre los muertos en el tercer día. Y nos llama como el victorioso Jesús que reina a la derecha del Padre a arrepentirnos de nuestros pecados, a darles la espalda a nuestros pecados.  La pregunta del sacerdote era correcta–¿de qué sirve caminar tanto si queremos seguir viviendo en el pecado? Y cuando nos arrepentimos debemos seguir viviendo en el arrepentimiento porque, querido amigo, toda la vida es una vida de arrepentimiento pero confiando ya en la obra culminada por Cristo.  No le podemos añadir nada.  Ya no hay nada más que hacer.  Jesucristo conquistó.

Hasta la próxima, querido peregrino.  Espero que caminemos juntos a la Nueva Jerusalén. No se quede atrás. Vamos.

The Gospel Repackaged

Victor Chininin Buele

I’m sitting in class.  I am being shown something called The Reponsibility Process™ by Christopher Avery.  I love it when I’m sitting in a secular context and something that makes sense is simply the gospel repackaged. I hate it when I’m sitting in a secular context and something that makes sense has been adjusted to hide the true gospel implications that it implicitly has.  All good movies have a moment where substitutionary atonement wins the day–the exchange of love where one lays down his life for the other–the exchange of the sinless one for the sinful one–true sacrifice.  You may see it as Anna stepping in front of Elsa right before the death blow, but the gospel is all around us. It is self-testifying. We know it. And when it’s convenient to us, we repackage it so that it’s marketable.  After all, we like some of the implications of the gospel.  We absolutely resist others.

This responsibility process shows the wrong stages of denial, lay blame, justify, shame, obligation, and quit.  It calls us to accept responsibility. “The Responsibility Process, derived from field studies, shows how all people mentally process thoughts about avoiding or taking responsibility.” The exhortation is to go about our work “unlocking and mastering responsibility, through daily practice[s]:

  1. INTENTION – Intending to respond from Responsibility when things go wrong.
  2. AWARENESS – Catching yourself in the mental states of Denial, Lay Blame, Justify, Shame, Obligation, and Quit.
  3. CONFRONT – Facing yourself to see what is true that you can learn, correct, or improve.”

This is just a repackaging of the good old gospel without pointing us to The Responsible One. It quacks like a duck, but because substitutionary atonement has been removed, it leaves us wanting.  How do I get to responsibility? I can only will myself into responsibility for a short while, but the motivation will die as our fallen nature breaks through. That’s why this remains in the realm of self-help–it’s behavior modification, not heart transformation.

The descriptive nature of the process is really accurate.  Our fallen, sinful nature is constantly plagued with the temptations to denial–to ignore that we have sinned, to lay blame–to shift the spotlight towards the other party and not to our own sin, to justify–to explain away our sin and to minimize it, to dwell in shame–to not step forward in confidence of living without condemnation, to act out of obligation–to live as if salvation could be achieved by my own efforts, and to quit–to just shut down everything and pretend as if Christ doesn’t exist.

That’s all true of our experience.  We deal with it in diverse ways.  It bears down on us.

BUT GOD being rich in mercy and knowing that we cannot just will ourselves into being responsible actually forgave us so that we can forgive others.  Jesus took the ultimate responsibility for all of our sins–past, present, and future, once and for all.  There is no more penalty IF we accept His lordship over us and are united in faith with those who have listened to the gospel of truth.  We can overcome denial when we can point to that brutal, bloody cross where The Responsible One died for my sins.  We can overcome blame when we truly see the nature of the blameworthiness of our sin and we see the perfect Son of Man take all of our blame with its very real consequences. We can overcome self-justification when we behold the One who was justified and innocently took on the brutality of the abuse he received unto death and we see the death of our excuses.  We can overcome shame when we no longer lived as condemned people who are easy pray of accusers who tell us that we will never overcome our sin.  We can overcome both a sense of obligation and the desire to quit when we realize that we are utterly incapable of effecting eternal change and most of all, we are incapable of saving ourselves.

So, it is right: we need to take responsibility, but we can only take true responsibility for our sin and for our work when we look to The Responsible One and behold Him as King of Kings and Lord of Lords, as the servant of servants who stooped down way lower than I am wiling to stoop down for others, and as the willing sacrifice who took on the full responsibility for all my sin.

So, we do have daily practices that we are exhorted to follow: We respond from Responsibility when things go wrong by pointing others to the gospel. No gospel = no true responsibility.  It’s that simple.  We cannot understand real responsibility unless we see Jesus Christ.  We must catch ourselves when we are experiencing denial, laying blame, justifying, shaming and being ashamed, feeling obligated or like quitting.  It’s called dying to ourselves, taking up our crosses, mortifying our flesh, and we do that only with true hope–no gospel = no true hope.  Without The Responsible One we cannot really be have a definitive solution for our sin. Awareness of our sin is not enough.  We must own up to it, be reconciled to God and to our neighbor, and move forward with the conviction to not fall again.  Only humble hearts can get up when the inevitable fall happens after that, look to the Savior, and run to Him.  What’s true confrontation? “For what we proclaim is not ourselves, but Jesus Christ as Lord, with ourselves as your servants for Jesus’ sake. For God, who said, “Let light shine out of darkness,” has shone in our hearts to give the light of the knowledge of the glory of God in the face of Jesus Christ” (2 Corinthians 4:5–6 ESV). That’s how we see what is true so that we can learn, correct, or improve: Behold the face of Jesus Christ.  Will you do that today?

Testamento 2018

Victor Chininin Buele

No he dejado que esta familia tenga tiempo para escribir por aquí. No he dejado tiempo para que esta familia pueda hacer muchas cosas en las que siempre han confiado para encontrar recreo en el medio de la adversidad.

Y aquí me encuentro, a punto ya de expirar. Es hora de recibir mi ola anual de adoración. Una ola de escritos a nivel nacional e internacional. Soy muy famoso y me dan crédito por todo. Yo doy y yo quito cosas. Les he dado una imagen real de Caperucita Roja y su lobo disfrazado de abuelita con el licenciado cuántico y su pandilla. Les dejo un Vice al que no lo podrán botar jamás porque no podrán  gritar su apellido en las huelgas. Les he dado una película peor que sólo para adultos con rating TV-MA con el Donald J. por el norte.

Y de eso escribirán mucho. A mi querida Loja le dejo los mismos de siempre, peleando para ser dizque alcalde y dañar e ignorar lo que el otro hizo y dejar que lo que no hizo sea el foco de la atención pública. Castillos de cristal o baches con agua podrida para Ciudad Victoria. Viaductos y Zona Rosa o escombrera en Sierra Nevada. Les dejo con intriga para el 2019 o quizás le escuchen al Einstein que era tan pilas—que la locura es hacer lo mismo una y otra vez pero esperando resultados diferentes.

Dejo precios altos y recortes salariales. Dejo enfermedades pero también les dejo memes para que no se olviden que en este lugar no se gana, pero al menos se goza.

El Chininín no se calla. Ha venido de una visita al hospital. Uno de los hermanos de su amigo tuvo un ataque cardiaco y un accidente automovilístico debido a aquel. Está, como yo, a punto de fallecer. Yo quiero que también lo ponga en el testamento de las cosas que le dejo. Me dice que el hijo mayor de otra familia que son amigos suyos tuvo una muerte muy trágica esta semana pasada. Y yo quiero también que lo ponga en el testamento de las cosas que le dejo. Pero me dice que no soy yo quien está detrás de todo.  Hasta le dejé el privilegio de celebrar la boda de uno de sus grandes amigos de siempre pero ni por eso me quiere elogiar. Y eso que dicen que sabe escribir bonito.

Esto me causa gran pena porque en esta agonía mi consuelo es ser adorado por todos que aunque me quemen esta fatídica noche por un ratito me querrán. Mis viudas me llorarán. Mis borrachines cantarán clariririritito (porque aún no les suben el Cantaclaro, pero esperen nomás).  Y él no me deja. Incluso me dice que la juventud se hará quedar todas las moneditas que pidieron dizque para mi.  ¿Y mi viuda…?

Le recuerdo a este individuo muchas de las cosas que quería hacer y no pudo como evidencias de mi gran poder. Sus proyectos que no se concretaron. Pero no me deja.

Me dice que no necesita quemarme aunque ganas no le faltan porque él confía en la mano bondadosa de lo que yo le digo es un personaje ficticio de su ambiciosa imaginación—este Dios supuestamente vivo y viviente que no fallece como yo. Que supuestamente es quien da y quita, quien obra todas las cosas para el bien de su pueblo, para el bien de quienes lo aman.

Le digo que me deje aquí en la cama en esta hora final de mi sosiego. Que me deje en paz. Que no me hable de su cuento de hadas que dizque se llama el evangelio.

Pero al ver que las luces ya se apagan empiezo a preguntarme si es en verdad la única historia, la única explicación para todo—si me permiten repetir lo que me dice—que Jesús en verdad se volvió un ser humano que conoce el aguijón y el dolor de la muerte. Que Jesús es el único que es Rey Soberano sobre todas las cosas. Que Él es quien ha permitido al cuántico traidor y al de cabello anaranjado sentarse un ratito en la silla de administración de la creación de Dios. Que Él es quien quita toda la basura de nuestras vidas para que podamos ver con claridad que cuando se nos acaban los engaños, la bebida, las pastillas, los amantes, la farra, el trabajo, o lo que sea que hemos puesto en lugar de Dios, Él nos levanta de la aflicción con la esperanza eterna de la creación restaurada. Donde la abuelita correrá.  Donde la libertad abundará. Donde el dinero no engañará con su aroma falso de felicidad. Donde las lágrimas de dolor ya no existirán. Donde los precios serán todos GRACIA SOBERANA de un Dios abundantemente generoso. Me dice con esa sonrisa tonta que Dios está en un gran plan de regeneración de su creación.  Que hay esperanza verdadera en la resurrección de Jesucristo.  ¿Pueden imaginarse eso, que un muerto vive, sentado a la diestra de un Padre supuestamente generoso que (como me dice) se deleita en dar a sus hijos buenos regalos aunque se hayan portado mal, aunque hayan fallado de manera desastrosa? Incluso usa esa palabra pecado.  Que yo he pecado.

Y todo gracias a Aquél que vino a morir en el Calvario en una cruz. Me pregunto si es posible que todo este peso que llevo sobre mi espalda, toda mi ansiedad y toda mi preocupación pueden en verdad, como este Chininín tan patéticamente me sigue diciendo, ser dejados al pie de esa cruz. ¡Como si fuera algún milagro!

Chao, mis queridos.
-El Susodicho 2018

 

Nota del Chininín:

Es un milagro es en verdad. ¡Hágase la luz!

Feliz Año 2019. Que Dios les bendiga abundantemente. Que sus hogares tengan amor y paz, comida y gasolina abundantes, que su trabajo sea fructífero, que sus hijos e hijas tengan padres que los amen sin condición, que todas las circunstancias ya que parezcan ser buenas o malas les lleven al trono de la gracia donde Jesús dice: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar.  Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácilmi carga ligera” (Mateo 11)

Vamos. Y bienvenidos a Jesucristo.

Donald J. and “One” Corinthians

Victor Chininin Buele

“All you need is love!” As I was praying this morning, an upcoming wedding came to mind, and I was remembering how an exercise often done at weddings is to take the word “love” in a critical New Testament passage and replace it.  Let me explain what I mean:

Original:
Love
is patient and kind; love does not envy or boast; it is not arrogant or rude. It does not insist on its own way; it is not irritable or resentful; it does not rejoice at wrongdoing, but rejoices with the truth. Love bears all things, believes all things, hopes all things, endures all things. (1 Corinthians 13:4–7 ESV)

Then, the well-intentioned preacher would ask you to do this:
Victor is patient and kind; Victor does not envy or boast; Victor is not arrogant or rude. Victor does not insist on his own way; Victor is not irritable or resentful; Victor does not rejoice at wrongdoing, but rejoices with the truth. Victor bears all things, believes all things, hopes all things, endures all things. (1 Corinthians 13:4–7 Amended ESV)

And then you get to stand or sit there certainly sorry you did this because you know it’s not true.  You just lost it at the cake lady or the photographer or the guy with the gigantic iPad taking a picture as your wife walked down the aisle and messed up your beautiful picture that was going to make or break the marriage… But you smile because the show must go on!

So, then the well-intentioned preacher tells you to do this:
Jesus is patient and kind; Jesus does not envy or boast; Jesus is not arrogant or rude. Jesus does not insist on his own way; Jesus is not irritable or resentful; Jesus does not rejoice at wrongdoing, but rejoices with the truth. Jesus bears all things, believes all things, hopes all things, endures all things. (1 Corinthians 13:4–7 Amended ESV)

And because Jesus is the perfect one who actually is all these things you can have hope that He will hold you fast, that He will carry you, that He will do the work necessary to present you blameless at the last day.  There is nobody more invested in you being as He is than Jesus is.  He loved you to the uttermost.  He died for you to cover for every evil thing you have ever and will ever do, think, or half-ass your way through.  He died in love, so that you can love.  Truly love.

As I was listening to President Trump last night go on his usual rant, this time up in Montana, one particular section of this passage came to mind: “Donald J. is not irritable or resentful.” He went on and on, fed by his grudge with Senator Tester, on why Admiral Jackson wasn’t ultimately appointed Secretary of Veterans Affairs.  And as I walked through the passage again, I want to make one very critical point.

Yes, obviously, President Trump can arise some very primary emotions in you. He is very far from being patient.  I don’t need to produce examples for that.  He is definitely not kind given that the insults list continues to grow (admit it, they are third-grade-playground sticky… they stick). Knowing how bad I am with envy, I am sure he can’t be worse than me at that, but envy is probably there, probably was there in that moment when President Obama made fun of him at the White House Correspondents Dinner that one time and made him long to take over the Oval Office. Who knows!  President Trump loves to boast.  Always has.  I hope it’s not an always will.  The gospel is that powerful.  I hope he can hear the gospel one day.  Contrary to what all the talking heads may say, the greatest need President Trump has is to hear and believe the gospel of Jesus Christ and be made new by the Holy Spirit.  Seeing the other day the freed brother pastor pray for the Spirit of God to guide President Trump, I couldn’t agree more with such a request. The Holy Spirit must come and regenerate and transform and give life to our nation’s president.  We should always pray for nothing short of that.  Transformation is possible, most definitely so.  I digress.  Let’s continue: President Trump loves to boast.  He is arrogant and rude.  He definitely insists in his own way, sentencing all of those of us common folks paying large hospital bills a few pennies at a time to higher insurance premiums coming up and higher deductibles to meet, among other things.  He certainly appears to rejoice at wrongdoing if 1% of what we see in the media is true.  And let’s not kid ourselves, there is an allergy to truth. The ironic thing is, he is doing everything he promised he would do, whether you like it of not.  In the middle of all the alleged and seemingly blatant falsehood, he is actually keeping his promises.

So, there.  I agree with you, my friend.  He is pretty bad.  Terrible even.  Very far from what Jesus is.

But you know what? I am still worse.  I actually know my sin and know myself to be worse than what I think he is.  The most terrifying part of the exercise remains me:

I am hardly a patient person at all.  I assume the worst out of people more often than I am called by Jesus to assume the best in them, so I’m not always the kindest person.  I am envious–envious of the rich, envious of the poor, envious of those who travel, envious of those who don’t, envious of those with large savings, and envious of those with mountains of debt, envious of those fake lives on Facebook, envious of the real lives behind the fake lives on Facebook.  I am boastful–worse than Trump.  He at least has a fairly contained list of accomplishments to rant about night after night.  I manufacture new reasons to boast all the time.  And it’s very hard to admit that very Pauline understanding of life that it is not I but the grace of God in me that accomplished them. I am arrogant.  Yesterday I was seemingly just giving an intellectual clause as part of a larger argument, but in the process I destroyed my listener’s opinion and hurt her deeply.  I am rude–just cut me off in the highway when I’m having a “bad day” and see.  I insist in my own way all the time.  And many times I will ridicule your way in some seemingly polite way.  I am irritable, very easily so.  I am resentful.  I keep a record of wrongs.  I know I’m not supposed to, but I am often horrified at how often I can tell date and time of when something was done “to me”–I crave for the vindication that can come to me for these wrongs perpetrated.  I rejoice at my own wrongdoing all the time.

But here is the thing: I am not what I once was, but I am not yet all that I will one day be by the grace and work of the Spirit of God in my life.

I am more patient and more kind every day, being conformed into the image of Christ.  That’s the part you often get to see and admire and respect.  I am growing in killing envy and boasting.  You often hear me boast in the Lord, and that’s because of His great grace to change my evil heart day by day.  I am not as arrogant as I once was, and you often see that through my sharing of things others wouldn’t share with you.  Again, Jesus changing me day by day.  I am not as rude as He changes me to love you all more and more.  I am not always insisting in my own way, and you perhaps compliment me on my ability to listen and respond with empathy.  That’s all Jesus.  I am not as irritable as I once was.  The same thing!  I am not as resentful.  I have learned more and more ways the Spirit of God empowers me to kill bitterness when it’s still seeds being poured into the ground.  I do not rejoice at obvious wrongdoing, and you often hear me giving commentary at how Jesus can change wrongdoing. Again, not I but the grace of God at work within me! You see me rejoicing in the truth, preaching the truth, pleading with you to see the truth.  Again, not me…

Here is the point I promised: Do you yet see how all that irritates the life out of you in Donald J. is because you are the chief of sinners?  President Trump is just the caricature that God has brought into your life of all your pet sins, those you guard closely, those you know are wrong but refuse to admit them, those you turn into culturally-accepted virtues worthy of cultural praise.

And you keep looking for a deliverer.  And while the Democrats will keep failing to give you one and the Republicans, too, all along you long for the fulfillment of this very text.

It is true–you want love.  You do.  

Turn to Him.

Be the beloved of the Lord.

Judging the Judge

Victor Chininin Buele

Congratulations! You’ve made it to the other end of this big mess. And you have sat in the seat–you have judged the judge, now an associate justice of the United States Supreme Court.

Since I suspect it will take you no time whatsoever to revert back to saying it’s not cool or acceptable to judge, a few words are important to consider.

Why Do You Care So Much?

When allegations like the ones we have heard take place, and when issues that are at the foundation of the religious soul of America (whether the religion of secularism or any other) are brought up, the soul cries out for the truth.  Not just for “her truth” or “his truth” or “my truth” or “your truth.”  When it truly matters, such as in times like today, we can smell the fake from a mile away, and I’m not talking about President Trump’s fake fake.  Deep inside, we know that there is an objective truth, an absolute truth, and our soul won’t rest until the truth is found.

You and I, common folks, will probably never know what actually happened.  But something did happen.

And it bothers us.

Why Is It That You Want So Badly to Protest?

Augustine is famous for having said that our souls are restless until they find rest in God.  We live in a free nation where it’s entirely acceptable for you to exercise your freedom to proclaim that there is no God, that the God of the Bible is a figment of my imagination, or that you can’t quite figure out whether there is a God or not.  We always got along just fine.  But now, people are no longer just disagreeing with one another.  Now, there is an assumption placed on the other person.  And it’s a most terrifying one: I disagree with you, and you are, quite frankly, the scum of the earth, the worst human to ever have lived.  If you believe the opposite I believe about abortion, well, you just want to kill millions of women… If you don’t agree with the same set of moral imperatives we want you to affirm, well, then you are just hateful and should lose everything you’ve got unless you reform, of course.  We no longer listen to understand.  We just want our turn to shout louder.

We want to protest because as the apostle Paul says, we groan inwardly for redemption.  This whole circus went terribly bad.  It was horrible for Dr. Ford.  It was horrible for Justice Kavanaugh.  It is probably fair to say that many were auditioning for their next seat of power in the future, whether dog catcher, senator, aspiring White House occupant, or whatever.

You are mad. I understand.  And you should stay mad.

Why Do I Want You To Stay Mad?

I want you to stay mad because pretty soon, you’ll return to your old ways.  You’ll go back to your echo chamber.  You’ll get distracted with the noise and the sound of the things you use to silence your conscience.

You are desperately broken.  You are mad quite possibly because you’ve been where Dr. Ford reports to have been.  You are mad quite possibly because the thought of you or one of your daughters being in the place where Dr. Ford reports to have been is quite frankly a major source of fear and despair.  You are mad quite possibly because you’ve been the one who has afflicted this kind of pain upon somebody.  You are mad quite possibly because deep down you know that to a lesser degree you are guilty of at least one of the things that have been thrown out there.

But you may also say you are a righteous person, a good human being, trying your best.  And this just shows you the futility of it all, “Vanity of vanities, all is vanity” said the old writer of Ecclesiastes giving words to your more modern “WTF?”

We Groan.  The Judge Groaned to Death.

So, we are groaning, regardless of your camp. Whether you are willing to camp outside of the Supreme Court crying out for abortion rights to remain or whether you are quietly contemplating how badly this whole thing went.  Whether you are ashamed that this happened or whether you are secretly sighing in relief.  Whether you think this is the biggest victory for the “conservative pro-life” or the destruction of that.

We are groaning.  How does this get any better?

Our legal system is based on the fundamental principle of the assumption of innocence unless somebody is found guilty.  That is a system of grace, of unmerited grace.  The criminal, the terrorist, the rapist, the man who happened to be in the wrong place at the wrong time, the serial killer, the scapegoat, the innocent man, they all share this–we cannot call you a criminal, a terrorist, a rapist, etc., unless we have proven that beyond reasonable doubt.  That means that sometimes people get away with something…

And here is where I bring you to the gospel.

You are mad because Kavanaugh got away with something.

You are mad because the Democrats got away with something.

I honestly do not know which way it is.  And I’m not going to tell you which side is more persuasive to me because that’s beside the point I’m trying to make.

You get away with sin every day of your life and still live!

We are singing a song at church tomorrow that goes like this:

All who strayed and walked away
Unspeakable things you’ve done
Fix your eyes on the mountain
Let the past be dead and gone
Come all saints and sinners
You can’t outrun God
Whatever you’ve done can’t overcome
The power of the blood
We have all gone astray.  There is not one of us who can stand when we are placed in the  seat waiting our judgment.  And our Judge is more righteous than Chairman Grassley.  We have all sinned.  And we groan because our conscience bears witness of this, and we do not have peace.  We self-medicate.  We occupy ourselves with things to take our minds away from this.  We groan because the stain is deep and obvious, and we want to hide it.  We carry this scarlet letter in our robes, and we try everything possible from Chanel to Walmart’s George brand to try to cover it up.
Our legal system in the United States confronts us with grace.  If God calls the person who’s wronged you the deepest to Himself, and he comes in repentance to ask your forgiveness, would you give it? Can we imagine a redeemed Donald Trump sitting next to a redeemed Brett Kavanaugh sitting next to a redeemed Dr. Ford sitting next to a redeemed me?  The gospel is that powerful!  Paul closes his epistle to the Philippians in a most interesting way: [22] All the saints greet you, especially those of Caesar’s household.[23] The grace of the Lord Jesus Christ be with your spirit. (Philippians 4:22–23 ESV)

Got that?  Let me write it in modern English.  “All the redeemed sinners of this part of the world known as the United States, made holy through the sacrifice of Christ, greet you, especially the Trumps and the Clintons.  The grace of the Lord Jesus Christ be with your spirit.

God can change those who are the farthest from Him.

You know you fail the judgement.  Do you want to be free? Do you want to be clean?

This all bothers you because the thing that’s happened confronts you with the fact that you are guilty until made innocent.  And only Jesus can make you clean.  And that’s grace.  You will get away with it because Jesus didn’t.  He took it all–your worst filth, your worst sin–it was all nailed to His cross.

It can only happen when you take off your stained robes and take Christ’s as your own.

Turn to Him and be saved.  Don’t delay.