Víctor Chininín Buele
Recientemente aprendí que había yo cometido un serio error debido a mis presuposiciones acerca de la vida. Todo ser humano tiene presuposiciones y estas deben ser desafiadas constantemente ya que si les damos rienda suelta van a colorear toda nuestra vida, a dirigir nuestra respuesta a las situaciones que encontramos en el día a día y a causarnos serios problemas.
Yo había escuchado muchísimas veces que alguien era humilde. Yo inmediatamente en mi cabeza asumí que estaban hablando del carácter humilde forjado al imitar la humildad de Cristo en Filipenses 2, de la humildad de haber sido realmente humillado hasta lo sumo por la admisión del pecado de uno para salir en libertad de ser realmente humilde con Cristo. Yo pensé que esta persona había muerto a su orgullo y había resucitado humilde en Cristo Jesús. Eso coloreó todas mis apreciaciones acerca de sus acciones, pensamientos y palabras.
Un día me di cuenta que esas palabras en realidad significaban otra cosa. Decir que esta persona era humilde significaba decir que era pobre. Y en verdad que eso sacaba del corazón profundo de sus seguidores mucho afecto y cariño. Miren cómo come con sus manitos, es tan humilde. Miren como le chupa hasta lo último al huesito, es tan humilde.
Decir que alguien es pobre y decir que alguien es humilde nos son expresiones sinónimas, pero usarlas como sinónimas, para un cristiano, asesina el significado de la humildad de Cristo, quien sí, también fue pobre como 2 Cor 8:9 le puede explicar.
Y me puse a pensar en una frase que estaba escuchando a un comentarista deportivo mencionar: “Nos gusta venir de abajo”.
Y dije, esto es lo mismo, y hay que tener cuidado de entender correctamente lo que es la humildad.
Ni malagradecidos ni irrealistas
Una presuposición de esta frase es que celebrar la victoria histórica de Ecuador a Alemania ignora la realidad de la derrota ante Costa de Marfil y el empate que sabía a derrota ante Curazao. Pero no es que la ignoramos, dirán, es precisamente porque perdimos que esta derrota se siente tan bien.
Y ahí se observa claramente la ecuatorianidad de este sentir: si comentamos acerca de los aspectos técnicos que llevaron a las derrotas anteriores, si indagamos en eso, si nos ponemos a estudiarlas, se nos va a ver como malagradecidos. La victoria borra automáticamente esas equivocaciones. Y no solo las borra sino que las enaltece, son el fundamento de la intensidad de la celebración. Si decimos que el Decreto 431 del señor presidente que decreta el día 26 de junio como feriado nacional no recuperable es una ridiculez, un mecanismo de distraer al pueblo de su tragedia, se nos va a ver como malagradecidos o aguafiestas. Después de todo, le quitó el ICE a la cerveza y se puede celebrar mejor. Falso. Pues resulta que los comercios ya se estaban tragando esos centavitos cuando hacían sus ventas de estos productos para incentivar el consumo y el perjudicado ya no es la Corporación La Favorita, que por ejemplo estaba asumiendo este costo para vender más, sino el estado ecuatoriano y sus arcas fiscales que usan al IESS como tarjeta de crédito platino, sin límite.
Por temor a no parecer malagradecidos cambiamos la realidad. Y al tergiversarla, no podemos enfrentarnos a su cruda y trágica naturaleza, a sus consecuencias, a sus causas estructurales y por eso no cambiamos. Al no tener una idea certera y coherente de las causas estrucutrales de lo que nos aflige, no podemos echar al suelo edificaciones malhechas y construir algo que pueda mantenerse en pie en el futuro.
“Nos gusta venir de abajo” es una presuposición muy peligrosa ya que nos llama a endiosar nuestra tragedia, incluso nuestro pecado en ella, para poder disfrutar de un momento de descanso al otro lado del problema.
Fuera mejor apreciar el esfuerzo de la Tri, en el medio de los desaciertos y errores, identificándolos bien y con un compromiso a cambiar, en vez de hacer la fiesta más grande porque le ganaron a Alemania. Fuimos de “Fuera Beccacece” a feriado nacional en menos de una semana. Esto ocurre a diario en los hogares ecuatorianos en los que “el bueno para nada” va de villano a héroe y de nuevo a villano en menos de lo que se acaba una botella de Cantaclaro o de Zhumir.
Esta manera de pensar nos mantiene esclavos, por el temor a quedar mal, al parecer malagradecidos, a hacernos esclavos de la farsa y de la mediocridad. Nos hace mentirosos.
Ni vagos ni insensatos
En una nación en la que falta el pan, la recompensa porque un equipo ganó en una tierra lejana es un día de asueto nacional, no recuperable. Los comercios privados van a abrir porque sino van a perder la ganancia del día, y sí, habrá algún economista por ahí que diga que esto fortalece el consumo y la economía en general. Sin embargo, esto continúa incentivando la mentalidad del vago que agobia a la nación. Un día estaba yo en el complejo deportivo del Azuay y ¿qué propagandas creen que había a la salida de este lugar donde los mejores deportistas del austro ecuatoriano se preparan para competir hasta internacionalmente? “Se hacen tesis, trabajos, monografías, maquetas” ya que sabiendo la intensidad con la que estos deportistas deberán entrenar, pues algo va a fallar y tenemos una solución para ello. No quedes mal en lo académico, te apoyamos. Esa vaguería, esa viveza criolla nos mantiene estancados.
El grado de innovación que tiene la nación es casi nulo, pero la capacidad de copiar y de arreglar es realmente maravillosa. El SENAE ha estado haciendo su agosto en estos días incautando camisetas falsificadas de la selección, incluso detuvieron a un camión de encomiendas y les decomisaron todos los envíos. Somos unos genios para copiar pero no para crear. E incentivar a esto con la vaguería es una tragedia. Clasificamos a dieciseisavos de final, el mundial se extendió para que vengan más países, ni siquiera llegamos a la meta anterior que fueron los octavos de final y se nos incentiva a comportarnos como que hubiéramos ganado la copa mundial.
Miren cómo la insensatez está en la raíz de la vaguería. Es necesario ser insensato para ser vago. El esfuerzo de este seleccionado se recompensa con falta de productividad. Cuántas personas no podrán asisitr a un turno que habían agendado con alguna entidad gubernamental, cuántos planes serán cancelados, cuánta eficiencia será perdidad, cuánto dinero se perderá. Y en verdad, para qué. Y ¿qué vamos a hacer si es que le llegamos a ganar al próximo rival? ¿Dar dos días de feriado? Es que esto nunca se queda ahí estático. Esta bestia de la vaguería siempre pide más. Por eso dicen que en política dar pan, licor y circo da buenos resultados (para el tirano que quiere gobernar con insensatez).
“Nos gusta venir desde abajo” es la misma mentalidad que surge del examen supletorio. Pasamos con las justas y en vez de procesar correctamente la vergüenza y la insatisfacción y el pesar que eso debe acarrear celebramos como que hubiéramos hecho un gran descubrimiento científico. Y nos llegamos a endiosar por encima del que hizo las cosas bien, somos más pilas, más vivos.
Ni víctimas ni triunfadores
Aceptar el triunfo con las presuposiciones correctas nos ayuda a evitar llegar a hacernos las víctimas cuando nosotros estamos cosechando las consecuencias de nuestro pecado, de nuestras decisiones, de nuestras acciones. ¿Por qué causa, razón, motivo o circunstancia teníamos que ganarle a Alemania, algo casi inimaginable? Porque no ganamos a Costa de Marfil y a Curazao. En vez de vernos como débiles, que entramos con las justas, ahora entramos con un triunfalismo terrible. Escuchaba a Angulo dar sus declaraciones a al prensa, y escuchaba esa confianza disfrazada de humildad, aunque creo que sí era sincera. Estamos todos seguros de que vamos a vencer a México o a quien sea que nos venga. Fuimos de ser las víctimas de Beccacece, el malo de la película, a ser héroes humildes, triunfadores y capaces de cualquier cosa.
Thomas Piketty emitió una fuerte crítica en su libro Igualdad que es importante escuchar: “No estamos a la altura de los principios meritocráticos que profesamos. Las oportunidades no son realmente iguales”. Esta idea de que “nos gusta venir desde abajo” asume tanto que nunca vamos a poder llegar a ser lo que queremos ser y al mismo tiempo que definitivamente si le damos con ganas lo vamos a lograr. Es una gran incoherencia, vivimos en un triunfalismo supuestamente optimista que no se encaja con la realidad y el momento en el que la realidad nos muerde nos acoplamos a la mentalidad de víctima. Le echamos la culpa a quien queremos que sea el villano, y es muy raro que ese villano sea el que está en el espejo.
El camino a la libertad de esta manera de pensar
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. 8 Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.
2 Corintios 4 (NBLA)
Mire la fuente del poder. Y mire lo que da como fruto. Nadie puede salir de esto con la mentalidad de “Nos gusta venir de abajo” pero va a salir con la transformación de su corazón que viene de reconocer que siendo yo un vil pecador, lleno de lo peor allí adentro y responsable de lo que me aflije en gran manera sino en toda manera, es la humillación de Jesús que me humilla a poder ser realmente alguien que supo llegar verdaderamente abajo para poder resucitar junto a Jesús a novedad de vida. Y eso lo cambia todo: Voy a ser agradecido porque veo la mano del Creador en todo lo que en Su providencia viene a mi vida, voy a ser realista porque hablar y vivir la verdad da toda la gloria al Dios que es incapaz de mentir, voy a trabajar con toda la dedicación y la excelencia que honre a mi Jefe celestial, voy a ser sensato y sobrio en mi manera de pensar porque mi Padre me llama a derrumbar toda idea vana que se oponga a Él, voy a ser alguien que reconoce la condición caída del mundo y no se refugia bajo un escudo de ser víctima sino que se para con confianza en Aquel que nunca lo abandona ni destruye, y vamos a ser triunfadores de verdad:
35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Tal como está escrito:
«Por causa Tuya somos puestos a muerte todo el día;
Somos considerados como ovejas para el matadero».
37 Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.
38 Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8 (NBLA)