Otto, Walter y Confía

Víctor Chininín Buele

Ya que Otto renunció esta semana y ha salido un documental acerca de la vida de Walter Mercado en Netflix y mi estimado amigo Pablo Ruiz escribió una columna en el diario digital hora32 titulada “No te comas el ‘manicho’” el día de hoy, a más de haberme hecho acuerdo de que no compré suficientes Manichos para sobrevivir la cuarentena que jamás pensé que iba a durar tanto, estas circunstancias me han hecho acuerdo de un artículo que he tenido pendiente de escribir por varios meses.

Algo me llamó mucho la atención a principios de este año en Loja y fue el movimiento Confía que es parcialmente a lo que se refiere mi apreciado amigo cuando dice en su columna “construir procesos y no personas, un país y no un partido, un colectivo y no un candidato”.

Me llamó la atención el vacío que existe en la política actual lojana y ecuatoriana expresado por un deseo profundo y muy válido de transformación y cambio. Es que algo debe ya de suceder. Algo debe ya de ser diferente. Solo lo mismo y lo mismo y lo mismo. No sabíamos que iba a haber una pandemia cuando Jorge Bailón triunfó en las urnas pero si hubiéramos podido imaginarnos que tal situación se podía suscitar en nuestra urbe, país y mundo, hubiéramos podido extrapolar con gran facilidad cuál iba a ser su gestión manejando el COE cantonal. Caras vemos. Las hemos visto por años. Y los hemos tenido a él y al Chato como alcaldes por tantos años que en verdad parece que corazones sí sabemos.

No me malentienda—oro por Jorge Bailón y por éxito en su gestión. Primera de Timoteo 2:2 me lo recuerda siempre. Si no oramos por nuestro alcalde, desobedecemos la Palabra de Dios y el llamado de Dios a que amemos bien a nuestro prójimo. Loja para Todos debe ser en verdad el ideal que todos los lojanos debemos compartir, seamos partidarios de Bailón o no. Y debemos procurar el continuo adelanto en verdad para transformar estas palabras en una realidad que transcienda un eslógan de tiempos de campaña.

Me puse a hacer una broma acerca de lanzarme a la presidencia y al hacerla me acordaba de las esperanzas destrozadas de quienes confiaron alguna vez en pan, techo y empleo. De quienes miraron con anhelo a quien se proclamó su defensor y que desde pequeños nos endoctrinó con aquella cancioncita que no podemos olvidar: pero hay una esperanza, la fuerza de los pobres… y que ahora dice «yo no sabía».

Y he ahí el problema. Seguimos pensando como lo hemos hecho siempre. No ha cambiado nada políticamente en nuestro país desde aquellos días en los que aprendí a leer y escribir leyendo el periódico con mi abuelito y leyendo las propagandas de Rodrigo Borja con mi papi en la campaña, silbando la canción de la ID e imaginándome un futuro diferente que en realidad nunca se materializó, ni con León ni con Rodrigo ni con Sixto ni con Abdalá ni con el interino ni con Lucio ni con Jamil ni con sus vices elevados al poder.

Es aquí que viene Confía.

La tercera vía. Otra manera de buscar el cambio o de hacer política, como lo quieran llamar. Ni de izquierda ni de derecha sino lo que venga de las raíces populares. Consenso.

Y la idea es atractiva en una sociedad posmodernista y relativista. Es claro que hay una alergia a dogmatismos y una aberración al culto a la personalidad. El posmodernismo es atractivo porque parece ser muy inclusivo e incluyente como se ha puesto de moda escribir. El relativismo promete mucho, nos da la impresión de que podemos vivir sin conflictos morales y éticos si simplemente dejamos que todos hagan lo que quieran, crean lo que quieran y vivan a su manera. Pero lamentablemente tarde o temprano el posmodernismo se choca con la verdad absoluta y el relativismo se estrella con la consciencia ayudado por el desenfreno. «No hay verdad absoluta» proclamaban en las universidades estadounidenses por muchos años hasta que el mentiroso más grande se volvió presidente y resulta que sí hay mentiras en este mundo. «Todo es relativo» decían hasta que llegó el momento de imponer nuevos dogmas para reemplazar los dogmas de antaño. Todos decimos que es el otro quien tiene dogmas pero nosotros no. Y tarde o temprano tendremos la tentación a hacer una sustitución en el culto a la personalidad—adoraré a alguien, ¿a quién? ¿A mí mismo? ¿A Rafael?

El documental de Walter Mercado nos muestra la explosión masiva y el impacto casi perenne que puede causar un ser humano cuando invade nuestros hogares con energía, magnetismo y dulzura. Cuando nunca nos dice nada negativo y nos miente con una sonrisa en la cara, de oreja a oreja. Cuando nos habla de lo que queremos escuchar y nos hace sentir como héroes. Cuando nos susurra que somos buenos y que todo saldrá bien mientras se aprovecha de nuestro sufrimiento, nuestra debilidad, nuestros temores y nuestro dolor. Todos queríamos saber qué nos deparará el futuro, desde las abuelitas hasta los nietos. Pausábamos todo para oírlo. Cáncer: hoy será el mejor día de tu vida. Y yo inmediatamente entraba al mundo de la fantasía en el que mi realidad podía ser distinta y acoplaba sus palabras vanas a lo que yo quería que se volviera mi realidad.

Deseo lo mejor para Confía. De hecho, me interesa mucho el movimiento. Pero no por mis amigos, o por el poder de la oratoria de quienes son parte del grupo, o por sus grandes ideas, o por algún interés político que en verdad no tengo. Yo tengo otro llamado en mi vida. Pero mi llamado no es apolítico. Es que Confía es lo más cercano que he visto en Loja a un deseo profundo por la salvación que solamente se puede encontrar en Jesucristo.

Escúcheme bien. Y espero que no detenga su lectura allí. No se me vaya por favor.

Confía demuestra la sed de mi generación por un cambio profundo, radical y verdadero. No más mentiras. No más luchar por los intereses y proyectos de otros. Que no nos vean la cara. Que no se aprovechen de nosotros. Observé que mi generación tiene ansias de ya poder dedicarse a lo que quieren dedicarse. Hay tantos problemas de falta de empleo y barreras a los emprendimientos que se empeoran con la corrupción y la negligencia de quienes tienen “el poder” y no lo utilizan para servir a los demás, por el robo y el engaño.

Hago una invitación a ustedes a una humilde investigación, a una búsqueda aun más apasionada por el cambio verdadero y duradero de la que ya tienen. Ustedes han leído mucho. Piensan mucho. Escriben y dialogan. Esto es muy admirable. Y han tenido tiempo de educarse en las palabras de filósofos y pensadores como Nietzsche. Es por ello que yo les invito a leer a un personaje muy interesante y que estoy seguro que no han tenido la oportunidad de conocer: John Stott. Particularmente su obra “El cristiano contemporáneo: Un llamado urgente a escuchar con los dos oídos” disponible aquí.

¿Por qué? Porque este caballero pasó su vida con humildad sirviendo a su comunidad y a Cristo haciendo lo que ustedes tienen en mente. Él lo llama escuchar con los dos oídos. Stott siempre fue considerado muy conservador por los liberales y muy liberal por los conservadores porque su agenda no fue la agenda de un dogmatismo ciego sino la agenda de Cristo basada en Su Palabra y Stott la dejaba transformar su corazón primero para luego salir a transformar el mundo a través de las esferas de influencia de cada persona transformada por Cristo. De hecho dedicó gran parte de su vida al LICC (Instituto del Cristianismo Contemporáneo en Londres) no educando al clero sino a abogados y doctores y periodistas y a todo aquel que deseara escuchar tanto a la Palabra de Dios como al mundo contemporáneo, con un pie en dos mundos.

¿Por qué es esta mi propuesta a Confía? Porque sin Cristo, es imposible escuchar con los dos oídos y eso es lo que ustedes anhelan. Lo llaman de otra manera. Su educación laica y sus presuposiciones tal vez les lleven a decir que no lo es. Tarde o temprano vendrá un conflicto que no podrán resolver. Tarde o temprano las masas seguirán a alguien y harán su becerro de oro o forjarán a su Mesías sustituto aunque ustedes crean con todo su corazón que están construyendo procesos, un país y un colectivo. Sus procesos traerán conflictos y sin convicción clara, sin una roca sobre la cual construir, el colectivo se hundirá o al menos estará amenazado y seguiremos en lo mismo. El pueblo lo va a escoger al más guapo o al más hablantín. Es cuestión de tiempo nomás. Y uno de los grandes obstáculos es llevar su mensaje a la colectividad en general sin que pierdan el interés en tres minutos. Necesitan construir puentes y los puentes deben tener un origen y un destino sólidos.

La transformación que necesitamos es mucho más profunda que cualquier colonización de las que hemos vivido. Moreno escribía a Alianza País alguna vez que el correismo no pudo transformar el corazón de los ecuatorianos. La Unión Soviética tuvo grandes planes para matar a Dios y no lo pudieron hacer. Es que el cambio que anhelamos es muchísimo más profundo que la imposición de dogmas a los cuales tenemos miedo. Es mucho más profundo que la euforia momentánea que podamos tener cuando nos arremangamos la camisa para trabajar pero después nos cansamos. No podemos cambiar el corazón, la mente, la opinión y los deseos de nadie. Nuestra persuasión tiene límites.

Es que eso es lo que le falta a Confía. A Confía le falta en quién confiar. Y sin Cristo toda confianza sustituta se desplomará. No quiero que se lastimen, ni que sufran, ni que se frustren. Más bien quiero estar a su lado y ser parte de buscar esta transformación radical. Quiero que prosperen y que prosperen en gran abundancia porque en su éxito está una posibilidad de transformación radical y duradera para Loja y el resto del Ecuador. Pero es una transformación que debe originarse desde adentro y eso no lo podemos manufacturar nosotros mismos, debe ser un regalo de Dios. Un milagro en sí para transformar cada uno de nuestros corazones y ramificarse de allí esta transformación para salvación y bendición para Loja. No permitan que los engaños de charlatanes que dan mal nombre a Cristo los desanimen de buscarlo. No permitan que sus propios prejuicios y parcialidad los hagan creer que este camino definitivamente se debe evitar a toda costa. No es religión lo que quiero compartir con ustedes. Es algo muy diferente a la religión y cuando lo vean, verán que es algo que huele a lo que anhelan pero que es infinitamente mejor. De hecho esto no es un problema de iglesia y estado como supongo que lo puedan ver. Ambas instituciones tienen esferas diferentes pero ambas son políticas. La iglesia jamás puede ser politiquera, eso es otra cosa. Y el estado jamás puede imponer la fe. Y ese es el punto de todo lo que he dicho. El evangelio no se cree a la fuerza, no se impone. No es conquista. Es irresistible eso sí y cuando vemos y atesoramos a Jesucristo por todo lo que Él es en verdad, podremos ver cada día un poco más lo que quiero decir.

Desde aquella reunión en la Juan José Peña aquella noche de enero, con mucha frecuencia me hallo cantando en mi mente, “Yo confiaré/Aunque la traición reciente me duela/Dios me consuela. Mi entorno va a cambiar/Si en Dios puedo confiar. Si el mar no se ha abierto, confía/No hay de qué dudar, aún en el desierto/El cielo está abierto, confía. Dios lo hará otra vez, otra vez”. Es que debemos confiar. Pero todo depende del objeto de nuestra confianza. Si me piden que confíe en Confía, nos desmoronamos, y no pienso que eso es lo que ustedes piden para ser transparente en mi opinión. Si me piden que confíe en las personas, nos desmoronamos. Digo personas porque antes se decía pueblo pero me han dicho que eso ya no es cool.

La obra delante de nosotros no es mía ni suya. Es de Aquel que vino al mundo a vivir una vida perfecta y morir en una cruz para resucitar al tercer día (hecho histórico, no una fábula) porque Cristo tiene mucha gente en Loja que van a creer en Él para la vida eterna. Apúntenme para ser parte del cambio. ¿Se apuntan ustedes?

Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, Y Él enderezará tus sendas. No seas sabio ante tus propios ojos; teme al SEÑOR y apártate del mal.

Proverbios 3:5-7 (NBLA)