Víctor Chininín Buele
En mis viajes a São Paulo, siempre he pasado por la IPP y he saludado al pastor Arival y al pastor Hernandes. Me he beneficiado mucho de sus enseñanzas, de sus publicaciones y en general del sentido de hermandad en la iglesia que transciende fronteras.
En mi último viaje, llegué a las 5 de la mañana del domingo al Aeropuerto Internacional de Guarulhos y al hotel a eso de las 6:30, con el tiempo justo para prepararme, desayunar e ir al servicio dominical de las 8 de la mañana en la IPP. Tuve la oportunidad de conversar con Arival y decirle pues que me encontraba en una grave crisis ministerial y que necesitaba ayuda. El mensaje fue que la necesidad más grande de mi persona (y la de mi iglesia) era un encuentro con el Dios Todopoderoso por medio del Espíritu Santo. Fue muy alentador conversar y su predicación. Compré su libro Quebrantamento: O caminho para o avivamento porque me pareció muy importante la idea y caminé la Av. Juscelino Kubitschek varias veces de arriba a abajo leyéndolo esa semana.
Miren algunos de los pasajes que me animaron tanto esa semana, en un momento duro tanto profesionalmente como espiritual y ministerialmente (la traducción del portugués al español es mía):
“En nuestro viaje rumbo a la madurez espiritual, el orgullo es nuestro mayor enemigo y la humildad es nuestra necesidad imprescindible” (7).
“Para que seamos tratados y curados del orgullo necesitamos ser impactados y quebrantados por Dios” (8).
“El pecado concierne al hombre en su relación con Dios, con él mismo y con el prójimo. No hay un solo aspecto de la vida humana y de la creación que ho haya sido en algún aspecto afectado por el pecado. El pecado deforma al hombre en toda su naturaleza: razón, emoción y voluntad” (13).
“Dios se coloca en guerra contra los soberbios. Se trata de una oposición activa, inmediata y constante de Dios. El orgullo es una característica del diablo (1 Tim 3:6), del mundo (1 Jn 2:16), de los falsos maestros (1 Tim 6:3-4) y de los impíos (Ro 1:30)” (19).
“La evidencia de la salvación es cuando amamos a Dios y odiamos al pecado. Debemos odiar al pecado del orgullo que existe en nosotros…” (22).
“Si el pecado entro al mundo por medio de la exaltación del corazón humano, la salvación entró por medio de la humillación del Hijo de Dios” (24).
“El orgullo lleva a un líder a pensar que es autosuficiente, invencible, insustituible e invulnerable” (33).
“La bendición de Dios y la verdadera felicidad espiritual es para aquel que reconoce, confiesa y rechaza al orgullo” (46).
“Cuando la gracia abre nuestros ojos, la primera emoción no es la auto-confianza sino la indignidad (n.t., o indignación)” (47).
“El pecado emburrece” (65).
“La señal de que alguien es un cristiano verdadero no es la ausencia de pecados sino la presencia del arrepentimiento” (68).
“La peor consecuencia del orgullo es su poder de engañarnos”. (87).
“El quebrantamiento es la solución para nuestro corazón orgulloso” (88).
“Dios quita toda barrera y obstáculo para estar con nosotros. Él no se esconde, pero se revela para que podamos estar en comunión con él” (89).
Fui profundamente animado por estas enseñanzas. Y yo tranquilo hace unas tres semanas me pongo a revisar Globo y veo el escándalo: https://oglobo.globo.com/brasil/noticia/2026/09/15/quem-e-o-pastor-da-igreja-presbiteriana-que-deixou-o-cargo-apos-acusacao-de-assedio.ghtml
Me frustré bastante porque un libro lleno de tanta verdad, ánimo y corrección para mí fue publicado por este caballero que le escribe a una funcionaria de la junta misionera de la iglesia, “Você mexe comigo” (me mueves, me afectas, me estremeces, me excitas) y “Gostaria de contar o que sinto por você” (me gustaría contarte lo que siento por ti). Estos mensajes de WhatsApp ocurrieron entre los años 2022 y 2024.
Todo mi tiempo de participar en los servicios de la IPP estuvo bajo esta nube de acoso del pastor principal de la iglesia.
Pero eso no es lo que me molesta más. Es el silencio y complicidad del resto del cuerpo pastoral. Es la motivación a que todo siga su curso: la iglesia, la junta misionera, la casa editorial, los ministerios, los programas, las conferencias, sin interrupción alguna.
Y todo hubiera seguido así si esta mujer no hubiera ido a la justicia federal brasileña porque no encontró justicia dentro de la iglesia.
Oro que las palabras que escribió Arival lo lleven a Jesús.
Oro por la vida de esta mujer que pese a haberle dicho que no deseaba recibir estos mensajes y atención siguió recibiendo el acoso de alguien que en su orgullo pensó que se podía salir con la suya y que iba a quedar impune, que podía escribir estas cosas y que nunca saldrían a la luz, o peor aún, que le funcionarían y que lograría utilizar a esta mujer creada a imagen y semejanza del Dios que decía proclamar desde el púlpito.
Oro que dejemos de ser tan miedosos de enfrentarnos a la realidad que el pecado es terrible y que necesitamos a Jesucristo. Eso requiere que seamos sinceros cuando la podredumbre del pecado llega a nuestras iglesias. En ese mismo domingo que estuve en la IPP, el pastor Hernandes dijo que cuando los hermanos de la iglesia no oran, eso crea púlpitos sin poder. Lo mismo aplica al silencio de los hermanos de la iglesia cuando preferimos la comodidad, controlar las situaciones y nuestra seguridad por encima del nombre santísimo de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Sí, es verdad. Nuevamente me he topado con un personaje de estos. Casado por 39 años, pero infiel. Pastor titular de la iglesia en Pinheiros por 30 años, pero infiel. Elocuente, doctor en lengua portuguesa, pero infiel. Afectuoso y compasivo, pero no con su víctima. Y todavía se dan el lujo de decir que porque se pagó a la mujer y se llegó a un acuerdo judicial con la Justiça do Trabalho que no se confirmó la acusación de acoso. Publicaron un comunicado que era una concesión y no una confesión. Reprochable, totalmente reprochable. Y dicen que se le aplicó disciplina eclesial. ¿Qué tipo de disciplina sería cuando no fue claramente visible al cuerpo de Cristo?
Debemos dejar de llevarnos por esa marca cultural tan fea que hemos dejado entrar a la iglesia: que porque ha sido el pastor por tanto tiempo, por alguna razón es el dueño de la iglesia y que no tenemos derecho a corregirlo, o que por temor al qué dirán o a las consecuencias del pecado que es mejor tratar de limpiarlo por afuerita en vez de meternos a la profundidad del asunto.
Solamente con el quebrantamiento, mi querido Arival, viene la salvación. Me lo predicaste. Ahora, predícatelo tú. Y arrepiéntete. Y, por favor, no vuelvas mañana a un púlpito, diciendo que estás restaurado. Muestra esa humildad que me enseñaste y que escribiste. Dios no se complace en la hipocresía. Pero sí, en lo que tan elocuentemente escribiste, en el quebrantamiento.