¿Hasta cuándo, mi gente?

Víctor Chininín Buele

No pensé tratar este tema porque no quiero andar de novelería en novelería. Sin embargo, como fue Bad Bunny la estrella de la última controversia continental es imposible quedarse callado ante algunas cosas. Escribí esta tarde en inglés para la audiencia al norte del Río Bravo (https://chininin.com/2026/02/09/spanish-is-not-the-problem-but-what-spanish-is-it/). Si desean leer ese mensaje lo pueden hacer y pueden utilizar la herramienta de traducción de su elección si lo necesitan. Pero aquí mi intención es distinta. No es necesario abrirle los ojos a una audiencia que entiende perfectamente bien lo que está pasando y no dice nada. Ese es el mensaje para nosotros, los que tenemos el privilegio de hablar el castellano. Y mucho más para quienes profesamos fe en Cristo Jesús.

Mi pregunta central es simple, ¿hasta cuándo, mi gente?

¿Hasta cuándo vamos a permitir que niñas y niños aprendan a perrear con esta música? Se me hace difícil escoger qué sustantivo utilizar porque no me parece que es música, ni una canción. Es algo sucio. Es algo vulgar. Es una inyección de ritmo, progresiones musicales simples y pegajosas que transportan algo horrible, algo completamente maligno. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que los chicos escuchen y aprendan esta basura en los buses y busetas rumbo a sus planteles educativos, en las mismas escuelas y actividades extracurriculares, en los programas cívicos y celebraciones populares? ¿Hasta cuándo les vamos a dar acceso ilimitado y sin restricciones a dispositivos de internet en los que pueden ver eso sin ninguna traba?

Yo noto que es fácil ponerse a decir que los valores se están perdiendo y empezar un ciclo de echarse la culpa mutuamente: maestros y familias. Los maestros dicen que en la casa no les enseñan a hacer el bien. Los padres o los familiares dicen que en la escuela ya no les enseñan valores.

Yo creo que es imprescindible que veamos qué es lo que este san Benito nos muestra a nosotros: que nuestra sociedad ha estado aceptando estos comportamientos ya por mucho tiempo, por más maquillaje católico romano que se utilice en ciertos momentos del año, por más influencia conservadora de abuelitas y abuelitos. Yo leía un comentario de alguien que defendía las letras de los temas de este personaje en las redes sociales. Y al leer los comentarios yo pensaba que solamente cuando se pierde la brújula moral se puede decir que esa letra está bien. Algún día le preguntaron a mi hija qué música escuchaba. Y se asombraron que no mencionó a Bad Bunny. Cuando recibió esta respuesta, mi hija le había dicho a su compañera si ella no entendía que esa música denigraba a la mujer. El silencio siguió a la pregunta y continúa hasta hoy.

Lo que me preocupa es que la juventud no tiene una moralidad definida, de hecho no tiene moralidad excepto la de buscar sus propios intereses y eso tiene implicaciones en los temas de sexualidad. Un día yo escuchaba en Ecuavisa una de las nuevas tendencias de índole sexual en los colegios y lugares públicos ya no solo de la costa ecuatoriana sino también en las provincias de la sierra. Y ellos decían que se debía a la baja autoestima. Yo no creo que eso es así: yo creo que cuando se cría a una generación sin un norte en la brújula moral al cual se debe apuntar, eso se aprende de padres que no tienen un norte en su propia brújula moral. Y eso muestra que nuestra naturaleza humana es profundamente egoísta y egocéntrica, solamente busca su propio bien.

Bad Bunny pone eso en tonos muy claros e indiscutibles: no le importa ser polígamo e infiel, no le importa promocionar la seducción y la invitación a beber desenfrenadamente, es claro en explícitamente decir que su manera de vivir va a romper corazones, es tan soberbio que se deleita en dejar silencios entre palabras para dejar mensajes sexuales claros ahí antes de culminar las frases, se burla del matrimonio (a pesar de auspiciar un matrimonio en el show de anoche). Y, pues, seamos francos, la Real Academia Española no lo va a ir a buscar para darle el premio Cervantes por ser uno de los máximos exponentes de la pluma de la lengua española. Más bien, esto contribuye a la degradación de la misma.

Esto prueba que no es solamente un tema de valores. Por mucho tiempo hemos vivido en Latinoamérica bajo la ilusión de que se puede tener un sistema de valores sin Jesucristo. Esto muestra que aquello no es posible y que es más que una consecuencia innegable que esto dé palabras a deseos inmorales y que de amor, aunque sea que Benito tanto diga que hay que amar, no tienen nada. El amor se define en Cristo Jesús. Jesús vino al mundo a sacrificarse al punto de la muerte por este mismo tipo de pecados. Oro que Onell Díaz y cualquier otra persona que busca influenciar a estos autores urbanos pueda predicar el mensaje del evangelio a Benito sin vergüenza ni obstáculo y que Benito pueda llegar a ver la luz de Jesús. ¡Cuánto necesitamos que termine esta banda sonora del infierno en nuestros días! Mandamos a los chicos al matadero y nos sorprendemos cuando regresan con las consecuencias de la inmoralidad.

Debemos buscar a Cristo y arrepentirnos. Debemos mostrar Cristo a los jóvenes y entregar nuestras vidas a vivirlas en el gozo del Señor para que ellos puedan ver y probar con sus propios ojos y todos sus sentidos que el Señor es bueno, que Su misericordia es para siempre, que Su amor persevera y siempre se sacrifica, se entrega en humildad y no acepta acuerdos con el infierno. En un día normal tengo cientos de tentaciones a botar la toalla de mi matrimonio y de mi labor como padre, pero es Cristo en el poder del Espíritu Santo que me permiten perseverar y vencer. Es fácil pensar que la manera más sencilla de dejar de estar “siendo molestado” por la petición incesante de un niño sin importarle lo que yo quiera hacer o no hacer en algún momento es irme del hogar, o ver cosas en internet, o hacer la paz con la mundanalidad y perderme. Pero no, eso solo empeora el problema. Ser valiente significa dar gracias a Dios, pedirle la fortaleza para vencer a esa oscuridad dentro de mí, a pararme y a ser Cristo para mi familia, para quienes son no solo mi responsabilidad sino quienes van a ver de mí y en mí el amor de Jesús. Darles menos que mi mejor respuesta al sacrificio de Cristo en obediencia, sinceridad, humildad y amor es ser infiel a Cristo. Y no tenemos el lujo de eso.

Cristo transforma todo. También puede transformar esta cultura podrida. Pero todo empieza individualmente.

¿Hasta cuándo vamos a celebrar esta suciedad y hasta cuándo vamos a ser cobardes para no proteger realmente a nuestros hijos y luchar por ellos, por su integridad moral y sexual? ¿Hasta cuándo vamos a ignorar el estándar al cual debemos anhelar: la santidad?