¿Todo lo tuyo es mío? ¿Y el becerro engordado?

Víctor Chininín Buele

Pero el padre dijo a sus siervos: “Pronto; traigan la mejor ropa y vístanlo; pónganle un anillo en su mano y sandalias en los pies. Traigan el becerro engordado, mátenlo, y comamos y regocijémonos; porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado”. Y comenzaron a regocijarse. Su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acercó a la casa, oyó música y danzas. Llamando a uno de los criados, le preguntó qué era todo aquello. Y él le dijo: “Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro engordado, porque lo ha recibido sano y salvo”. Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba que entrara. Pero él le dijo al padre: “Mira, por tantos años te he servido y nunca he desobedecido ninguna orden tuya, y sin embargo, nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos; pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, mataste para él el becerro engordado”. Y su padre le dijo: “Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado”.
‭‭Lucas‬ ‭15‬:‭22‬-‭32‬ ‭NBLA‬‬

Es importante observar al hermano “bueno”, al buen trabajador, al que no se fue con su parte de la herencia de su padre mientras todavía estaba con vida, al hijo ejemplar.

El arrepentimiento del hijo pródigo resulta en regocijo. El padre se alegra tanto que le pone la mejor ropa, el anillo, y manda a matar al becerro engordado. En otras palabras, tiene tanto gozo este padre por el arrepentimiento de su hijo, que la única opción es una fiesta de gran regocijo.

¿Cómo puedo evaluar si el hijo pródigo se arrepintió?

  1. Hay un contraste claro entre su pecado y el fruto de su arrepentimiento: En el texto de Lucas 15, se puede observar que este muchacho malgastó todo lo que pidió a su padre como herencia mientras éste todavía estaba vivo. El versículo 17 dice que “volviendo en sí” consideró la situación en vista de la generosidad de su padre. Este volver en sí es crítico. Si no existe un momento claro e indiscutible en el que se frena el carro y se da la vuelta, es muy posible que no estemos viendo un arrepentimiento genuino.
  2. No se pierde el tiempo con justificaciones: el versículo 18 no muestra a un muchacho que estaba ahí pensando en posibles explicaciones que justifiquen lo acontecido. Más bien, empieza a preparar sus palabras que va a emplear para pedir perdón.
  3. Reconoce y pide perdón a todos los que ha afectado con su pecado: el hijo pródigo va piensa y piensa, repite y repite, como un niño al que lo mandan a la tienda a hacer el mandado. Va diciendo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti”. Claramente ha pecado contra Dios y contra su padre. Pide perdón a todos. No busca excusas fuera de sí mismo. Pide perdón sin vergüenza ni temor.
  4. Se humilla: el muchacho ya dejó su orgullo atrás en la chanchera. Va a pedir misericordia, algo que no merece. Reconoce que ya no es digno de ser llamado su hijo, ¿cómo va a serlo si básicamente le importó tanto su idolatría que buscó recibir de su padre antes de tiempo la parte de la vida de su padre que le correspondería cuando falleciera? No hay discursitos que lo excusen o lo deslinden de la responsabilidad del pecado o que muevan la culpabilidad del pecado a los demás.
  5. Toma acción radical y de sacrificio: contrario al corazón endurecido, hace lo que se debe hacer para restaurar lo que se permitió que el pecado destruya. Se levanta y va a su padre.

Es decir que hay una manera clara y que no es complicada de discernir si alguien se ha arrepentido. Y mucho más en el cuerpo de la membresía regenerada de la iglesia en quienes mora el Espíritu de Dios.

¿Cómo puedo discernir si soy el hermano mayor?

Antes de eso, se debe dejar claro que el hermano mayor no está en lo correcto. Aunque ha hecho cosas buenas siempre y no ha desobedecido jamás a su padre (29), él no puede regocijarse por el arrepentimiento de su hermano. No puede. Y eso está mal porque es un arrepentimiento genuino y eso debe resultar en regocijo y celebración.

Entonces, ¿cómo debo examinarme para ver si soy ese hermano pecador?

  1. El arrepentimiento le causa enojo porque lo ve como una injusticia personal: por supuesto que es injusto el arrepentimiento. Proverbios 17:15 lo resalta claramente. Y la única manera de evitar este desfaz es que el Hijo de Dios, Jesucristo se vuelva una maldición en la cruz, la abominación es que el Inocente sea condenado y que yo, o el hijo pródigo, o el otro hermano podamos ser declarados justos a pesar de ser pecadores. Note que no es cualquier enojo. Es un enojo que ve el arrepentimiento del otro como una injusticia personal.
  2. Se enfoca demasiado en las “buenas obras” que se han hecho contrastándolas con las malas obras del otro: hay claramente un sentido de superioridad en que el hermano mayor veía sus acciones como dignas de encomio y como mejores que las del otro hermano. El orgullo hace eso: nos convence que nosotros somos mejores que el otro pecador. La realidad es que los dos somos pecadores y por tanto no va a estar dando discursos sobre todas las buenas maneras en las que se ha hecho tal y tal cosa para Dios, pero tampoco se va a decir que al ser los dos pecadores, el pecado no importa. El hijo mayor tiene una distorsión seria acerca de lo que es el pecado.
  3. No reconoce lo que es estar en la presencia de Dios: niega que el arrepentido está en la presencia de Dios por medio del pecado y no sintió estar en la presencia de Dios al no haber estado haciendo todo lo que en la superficie se veía bien en realidad para la gloria de Dios. Buenas obras que emanan de un mal corazón, son también por definición, pecado (Rom 14:23b).

Nótese que no es que se rehúsa a creer en un arrepentimiento, es que a pesar de ser un arrepentimiento genuino, el hermano mayor revela que en su corazón siempre estuvo obrando por interés propio, creyéndose el más santurrón, el mejor. Y en su mente tenía una ecuación en la que eso significaba el favor de su padre.

Es una cosa negar un arrepentimiento genuino y es otra cosa no ver fruto de arrepentimiento.

Es imperativo emitir un juicio justo en ambas direcciones: ¿hay un arrepentimiento genuino? y ¿soy tan egocéntrico que me rehúso a regocijarme con el arrepentido?

Las dos van de la mano. Por ello es inaceptable y no cristiano:

  1. Rehusarse a emitir un juicio justo sobre el arrepentimiento, ¿es genuino?
  2. Rehusarse a aceptar un juicio justo de un arrepentimiento genuino basado en fruto de arrepentimiento visible, sincero y duradero.
  3. Rehusarse a regocijarse en un arrepentimiento verdadero.
  4. Regocijarse en un arrepentimiento falso.
  5. Regocijarse sin poder emitir un juicio justo y santo sobre si un arrepentimiento fue genuino o no.
  6. Violentar la consciencia de alguien que sabe que es imperativo emitir un juicio santo sobre el arrepentimiento, haciéndole que ponga como prioridad la sabiduría del mundo o el temor al hombre, y que no llegue a emitir tal juicio.

Recordemos que todo puede ser tergiversado, y por ello, el arrepentimiento es la clave para poder vivir en la presencia de Dios.

Y ahí está la pregunta que debe importarnos más que quien vaya o no a comer el becerro engordado. ¿Estamos tan seguros por medio de nuestra salvación de que nuestra salvación es lo más prioritario? Y para que yo pueda tener una respuesta objetiva acerca de mi santidad o de ser parte genuina del pueblo de Dios, necesito vivir en arrepentimiento y eso requiere un examen permanente de evaluación de nuestra vida de arrepentimiento. No puedo simplemente ignorar la evidencia de mis ojos.

Hay almas que están en peligro.

Leave a comment